Jackie Brown, de Quentin Tarantino

  

Quentin Tarantino es un sobreviviente, del éxito, del aura oscura de Harvey Weinstein, que financió el gran inicio de su carrera (el director aceptaría años después que estaba al tanto de los abusos del productor), de los fenómenos de masa, de las drogas, de Hollywood, de su propio credo artístico.

Hizo algo que muy pocos han conseguido: mantener su cultura pop sin caer en el cine puramente comercial.

Hasta el día de hoy, una película de Tarantino se anuncia como un evento cinematográfico, que crea expectativas, divide aguas y genera, después, debate. Una proeza en el mundo de las plataformas y las redes sociales.

Es un director especial, que se construyó su propia categoría. Personalmente, creo que Perros de Reserva, Pulp Fiction y Jackie Brown son sus mejores obras.

En las demás sigue habiendo una búsqueda artística, pero, en mi opinión, confió demasiado en su propia intuición, y, a decir verdad, el genio no le alcanza para tanto.

Jackie Brown, el tema de esta reseña, refleja a un Tarantino extremamente cuidadoso de los detalles. Se trata de una obra artesanal. Después del fenómeno de Pulp Fiction, las expectativas en el director eran muy altas. E injustamente altas. El público deseaba otra película igual. El director se tomó su tiempo y entregó esta cinta, que no fue verdaderamente apreciada en su momento. Se le consideró lenta, monocromática. No gusto demasiado que un ícono como Robert De Niro tuviera un papel de criminal idiota.  

La crítica negativa opacó la maravillosa banda sonora y las soberbias actuaciones, de cada uno de los protagonistas.

Casi treinta años después de su salida, Jackie Brown ya es una pieza de colección. Cuenta la historia de un mafioso de media talla, implacable y manipulador, que tiene una debilidad, que no es precisamente sexual, es más bien una forma de extraño respeto, por Jackie Brown, una aeromoza en sus cuarenta, empleada de una compañía aeronáutica de quinta categoría.

Jackie se encarga de traerle el dinero de México, donde Ordell (Samuel L. Jackson) coloca sus ganancias.

La policía la atrapa y empiezan los problemas. Ordell decide ejecutarla para salvarse el pellejo, pero Jackie consigue persuadirlo (a punta de pistola) de que, para empezar, le sigue siendo leal, y, en segundo lugar, que, sin ella, no podrá acceder fácilmente a su dinero.

No es un sacrilegio decir que las actuaciones quizá sean más consolidadas que en Pulp Fiction.

Pam Grier, recordó que era una de esas actrices generacionales, una versión estadounidense, de las Mónica Vitti, de Claudia Cardenale, con un aura de belleza total, que, pese al racismo que siempre ha existido en la industria del cine estadounidense, logró estamparse como un ícono cinematográfico.

Samuel L.Jackson, también fue mejor que en Pulp Fiction (a pesar de lo brillante que es en esta película), porque Ordell es un personaje más complejo que Jules Winnfield. Y Robert Foster, el mismo De Niro, Brigitte Fonda y Michael Keaton, fueron soberbios cada uno en su papel.

Hay una escena, donde Ordell traiciona a uno de sus antiguos colaboradores, matándolo en un descampado, (a Chris Tucker antes de saltar a la fama con El quinto elemento), que es un cuento por sí solo, o un corto, que podría haber sido escrito Raymond Chandler.

También hace pensar en The Wire antes de The Wire.

Toda la película se compone de detalles, ya sea la música, la cotidianeidad de los personajes, sus pequeños dilemas interiores, sus gustos.

Sí, es la obra de un genio, que llega a su mejor nivel cuando aparece en las pequeñas historias cotidianas, que se van engarzando con una atmósfera peculiar bien reconocible del universo Tarantino.

Con los años, la película ha sido reconocida en su justa dimensión, aunque no se reconozca que, con poco, hizo más que Django sin cadenas, para aportar al lenguaje emancipador de la cultura negra.

Es verdad que, por momentos, la historia va un poco lenta, pero ese también es su hechizo. Es como esas novelas negras, donde la trama, al final, tiene un interés secundario, porque lo mejor es la construcción de la atmósfera.

Hay dos enseñanzas que ofrece esta película en términos de creación: la importancia del trabajo artesanal, y la integración del estilo a partir de los hallazgos que se hacen durante este proceso creativo.

Sus películas posteriores, Kill Bill hasta la última, Erase una vez en América, el proceso es inverso, el estilo se antepone al proceso artesanal.

Todo un descubrimiento para quienes vieron la película una sola vez, o no la vieron antes. 





Comentarios

  1. ¿Cuántas veces debe verse una buena película para captar sus detalles? No lo sé, pero una no basta. Con frecuencia en una buena película se atropellan unas a otras las distintas partes que la integran. A veces el guion oculta la edición, en otras los sonidos de fondo tienen la intensidad de silenciar las bandas sonoras y en ocasiones los personajes invisibilizan a los actores. Parece una locura, pero en más de una ocasión de esa relectura conviene volver "mudas" las películas sonoras y concentrarse en esos detalles singulares esquivos, pero que juntos trascienden. El comentario me invita a buscar Jackie Brown y verla de nuevo. Redescubrirla.

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  2. Totalmente de acuerdo con esa manera de ver una película; hay que verlas varias veces, irlas segmentando para ir entendiendo las etapas, sus componentes. Jackie Brown no fue valorada en su justa dimensión, pero el tiempo le hace justicia. Gracias por el excelente comentario.

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