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| Foto: Guarina Paloma López |
Tania Pleitez: "Puesto que hay violencia en la historia de la humanidad, por lo general en la literatura encontramos la deconstrucción de la violencia; pero aparecen también signos de fuerza vital, pulsiones de vida que surgen en medio de la violencia "
Es un jardín ecléctico/bien cuidado por el jardinero/y allí está el señor de la casa con chaqueta y corbata/la señora perfectamente maquillada,/los cinco hijos sonríen./Miro la fotografía/y advierto una figura entre las plantas./Es la empleada que se esconde y nos observa,/y yo soy una ingrata porque no recuerdo su nombre.
Tania Pleitez (San Salvador, 1969), publicó este poema, Servidumbre, en su libro Nostalgia del presente (2014).
Cada verso es como un capítulo biográfico. Y el final, y yo soy una ingrata porque no recuerdo su nombre, es una valiente confidencia, pero tambien un mapa de trabajo, que problematiza sobre la visibilidad, la humanización.
Escritora prolífica, catedrática, investigadora, gestora cultural, Pleitez, se define a si misma como: mujer, centroamericana y migrante.
Si bien su obra (la escrita y la que está en curso) no se limita a los estudios literarios de Centroamérica, sí la ubica como una intelectual referencial de la región, inserta dentro de una globalidad que le permite destacar un espacio regional que siempre ha sido subrepresentado.
Proponemos una primera aproximación al pensamiento de Pleitez, quien labora actualmente en el Departamento de Lengua, Literatura, Cultura y Mediación, en la Universidad de Milán.
La forma de cuestionario (enviado por correo electrónico), impide una mayor profundización en ciertos temas, que, serán abordados en posteriores entregas, con miras a ahondar en el trabajo de una de las figuras que debe seguirse de cerca en el espectro de la literatura centroamericana contemporánea.
¿Dónde vives y desde cuándo?
Vivo en Italia desde 2022.
¿Me puedes contar brevemente cuál es tu trasfondo familiar, educativo, cultural, político?
Soy la segunda de cinco hermanos de una familia de clase media alta, conservadora y religiosa, aunque muy volcada a la alegría y los afectos. Fui, de alguna manera, la rebelde de la familia: no fue fácil defender mi vocación literaria y mi espíritu aventurero en una familia conformada por profesionales de ámbitos “seguros” como la ingeniería, la medicina, la arquitectura, la abogacía y la bioquímica, pero finalmente, después de casi dos décadas, mis padres han reconocido que mi apasionada búsqueda literaria y del pensamiento crítico es una seña de mi identidad, algo que nunca dejaré de hacer, cueste lo que cueste. Agradezco, sin embargo, que me hayan enseñado que nada se logra sin trabajo, compromiso y redes afectivas y solidarias. En eso siempre estuvimos de acuerdo.
Estudié la secundaria en un colegio bilingüe, la Academia Británica Cuscatleca. Mi etapa universitaria se desarrolló entre la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (donde estudié un semestre, pero coincidió con la matanza de los jesuitas y, poco después, me fui al extranjero a estudiar), la Universidad Latina de Costa Rica (Licenciatura en Relaciones Internacionales), Universidad de Costa Rica/Instituto José María de Peralta (Maestría en Diplomacia y Política Exterior) y Universidad de Barcelona (Doctorado en Filología Hispánica).
Aunque escribo desde que soy adolescente, mis primeros contactos con la escritura de manera más comprometida tuvieron lugar en talleres literarios: en Costa Rica, con Carmen Naranjo y Lil Picado; y en El Salvador, con Horacio Castellanos Moya y Rafael Menjívar Ochoa.
Mi conciencia social deriva de mis años en que trabajé en ONG. Primero, en 1996, como facilitadora de talleres de planificación participativa en el departamento de Morazán (área afectada por la guerra civil salvadoreña de los años 80); y después, entre 1997 y 1998, como asistente oficial de programas en la Fundación Arias para la Paz (Costa Rica), específicamente trabajando en proyectos de reconciliación nacional y de memoria histórica. En los últimos años me he mantenido cerca de las causas feministas y, además de ser uno de los temas de mi investigación, junto a varias compañeras contribuí a redactar el protocolo “Principios y lineamientos generales de actuación contra las agresiones y los acosos sexuales en espacios literarios y artísticos centroamericanos”, que enviamos a diversos festivales, entre ellos Centroamérica Cuenta. Para que sea útil a otros colectivos, se encuentra publicado en el sitio web de la revista Alharaca.
En Barcelona, primero, e Italia, después, he trabajado de manera voluntaria como gestora cultural y editora para contribuir a la difusión de literaturas centro/latinoamericanas. He organizado lecturas y festivales (Otro modo de ser. Festival de poetAs); y he cofundado una editorial que traduce poesía y narrativa al italiano, se llama FormArti. Asimismo, he cofundado la Red de Investigación de Literaturas de Mujeres de América Central (RILMAC) y soy integrante activa de la Red Europea de Investigaciones sobre Centroamérica (REDISCA).
¿En qué trabajas actualmente?
Trabajo en la Universidad de Milán como profesora de literaturas hispanoamericanas.
¿Cómo obtuviste esa oportunidad?
Después de trabajar durante quince años como profesora precarizada en España (con sueldos que me obligaban a tener varios trabajos para sobrevivir), finalmente en Italia pude obtener una plaza de investigadora tenure track (por concurso) y, si todo sale bien, en un año pasaré a ser profesora titular.
Estuviste muchos años en Barcelona, una ciudad referencial para la literatura hispanoamericana. ¿Qué presencia tiene la literatura de Centroamérica en esa ciudad?
Cuando llegué, en 1999, Centroamérica no existía más allá de Rubén Darío, Miguel Ángel Asturias, Roque Dalton o Gioconda Belli. En los últimos años ha ido ganando presencia gracias a editoriales independientes (españolas y latinoamericanas que distribuyen en España) que han publicado a escritores/as de la región como Jacinta Escudos (consonni), Michele Recinos (Altamarea), Claudia Hernández (Laguna), Eunice Odio (Ediciones Sin Fin, Los Tres Editores), Carmen Lyra (Editorial Espinas), entre otras. Por supuesto, hay que agregar a Horacio Castallanos Moya (primero Tusquets y luego Random House), Rodrigo Rey Rosa (Anagrama), Eduardo Halfon (Libros del Asteroide), etc. También existe un concurso de poesía llamado Claudia Lars convocado por la Xarxa Comunitària Cultural Salavadorenca de Catalunya, que también ha impulsado la sección de literatura salvadoreña “Prudencia Ayala” en la Biblioteca Juan Marsé. Por otro lado, Casa Amèrica Catalunya ha incluido a escritores centroamericanos en sus actividades y festivales. Un rol importantísimo lo juega la librera costarricense Lucía Leandro Hernández que, en su librería La Malinche, le da un espacio especial a la literatura centroamericana y del Caribe.
Ahora que estás en Milán, ya es otro idioma, otro espacio académico. ¿Qué interés tienen por la literatura de Centroamérica?
Pareciera que hay interés cuando sale el tema, pero no es uno habitual. En general, la idea de literatura latinoamericana está muy ligada a los escritores del llamado Boom o a escritores canónicos del siglo XX y XXI. Aquí el reto es problematizar una imagen esterotipada de la literatura latinoamericana.
¿Cómo has visto la evolución de la literatura de la región en el siglo XXI?
Depende de cada país. En Guatemala, Costa Rica y Panamá pareciera exisitir un campo cultural y editorial con mayores recursos, pero solo es una impresión, no he estado ahí en mucho tiempo y no lo sabría de primera mano. En el caso específico de El Salvador, te recomiendo consultar el sitio del poeta Vladimir Amaya que brinda bastante luces sobre escrituras del pasado y actuales: https://elborrachoabstemio.wordpress.com/
"En mi universidad estamos estudiando las formas de fomentar la lectura en esta nueva etapa de la contemporaneidad, sin demonizar a la tecnología, pero estimulando la riqueza de leer los textos literarios de primera mano"
Creo que la idea de “combate” en el campo de la cultura es inherente; no es necesariamente enfrentamiento, pero es el polemos. Sin debate, no hay cultura. Sin embargo, los campos de combate cambian y no siempre nos damos cuenta que estamos combatiendo guerras que no existen e ignorando las batallas donde podríamos ser necesarios. ¿Qué rol juega la literatura en la construcción de nuestras democracias?
Puesto que hay violencia en la historia de la humanidad, por lo general en la literatura encontramos la deconstrucción de la violencia; pero aparecen también signos de fuerza vital, pulsiones de vida que surgen en medio de la violencia. Es así que experimentamos la potencialidad de la vida después del desastre. En medio del absurdo y de lo que amenza la vida, el lenguaje también segrega energías vitales. Todo esto lo comenta la crítica Vittoria Borsò. En ese sentido, la literatura juega un rol importante en la capacidad de recordarnos de que no todo está perdido, de que la justicia y los gestos de humanización existen más allá de los regímenes y sistemas políticos. Yo creo mucho en la micropolítica, la que tiene lugar en esas grietas que fisuran al poder. Por eso me encanta la literatura de Claudia Hernández, ella ha sabido reflejar el gran rol que juegan los afectos y lo comunitario en entornos violentos. Me refiero a su triada Roza tumba quema, El verbo J y Tomar tu mano. Sin el tejido micropolítico y esas formas otras de relacionarse, es difícil imaginar una lucha o un combate que pretenda cambiar un statu quo en el terreno de lo macro.
Centroamérica es una región que ya se acerca a los 50 millones de habitantes. Si lo vemos en su globalidad, a nivel de población, solamente está por detrás de México, España, Colombia y Argentina. En términos de lectores futuros, ¿cómo ves las perspectivas de la región? ¿Sabes si se fomenta más la lectura, o, si al contrario, se está perdiendo de manera acelerada?
Tanto en España como en Italia mis estudiantes leen cada vez menos libros y literatura, y más lo que encuentran en Internet y las redes sociales; o se van por la línea audiovisual. Es un reto global, no solo regional, sobre todo ahora que ha llegado la Inteligencia Artificial. En mi universidad estamos estudiando las formas de fomentar la lectura en esta nueva etapa de la contemporaneidad, sin demonizar a la tecnología, pero estimulando la riqueza de leer los textos literarios de primera mano. Aún no se ha llegado a algo concreto. Es un momento en que la preocupación por el mundo que se está construyendo debe ser aborda desde la creatividad didáctica, en un sentido amplio.
¿Cómo ves el presente de la literatura en Centroamérica?
En general, la veo dinámica y rica en ciertos autores más jóvenes, y siempre jugando un rol cuestionador de las estructuras hegemónicas, realizando rupturas estéticas y de géneros literarios.
Una literatura pujante es un ecosistema que necesita de incentivos políticos, económicos, culturales. A partir de tu experiencia en Europa, ¿qué piensas que es posible replicar en Centroamérica para tener una literatura más sólida?
Al menos en El Salvador, que es lo que de verdad conozco, es un asunto complicado de concretar sin recursos y políticas públicas contundentes. Se necesita, además, fortalecer el estudio académico de la literatura. De todo esto hablo en este libro˟ (ver al final).
A nivel de redes y campo literario creo que se replica lo mismo que en Europa, tanto lo bueno (espacios de sinergia para escribir, editar y difundir literaturas), como lo malo (grupos de poder marcados por rencillas personales), lo que cambia es el capital económico, pero el capital simbólico se maneja de manera casi parecida. Quizá lo que más me gustaría ver en El Salvador es una librería como La Malinche con una librera como Lucía; es un lugar fantástico, donde hay un intercambio horizontal entre autores, editores y ciudadanía (local y migrante). Hace algunos años te hubiera hablado de la necesidad de incluir suplementos literarios en los periódicos (algo que prácticamente desapareció porque económicamente no es viable para los medios), pero hoy en día los podcasts han llenado ese vacío. El reto más grande sigue siendo el mismo de hace unos años: romper con la imagen esterotipada que persiste en la sociedad, en general, de que la literatura es solo una herramienta de evasión, o una cursilería de imaginarios e ideales románticos. Leer literatura no solo estimula la plasticidad de nuestro cerebro, siguiendo a la neurociencia, sino también nos da instrumentos para pensar críticamente nuestro presente, pasado y futuro.
Por ejemplo en Italia, o España, ¿qué rol juega la Academia en el ecosistema del libro?
Solo conozco los casos de Barcelona y Milán. La circulación de las literaturas es un asunto compartido y colaborativo entre autores, editores, académicos, libreros y gestores culturales (y traductores, en el caso de Italia). Por ejemplo, la red de universidades de Milán es parte del Book City, uno de los festivales del libro más importantes de Milán. Por otra parte, en Italia, los/as profesores/as de literatura suelen escribir los prólogos y las contraportadas de libros, y a menudo también juegan el rol de mediadores/as culturales y traductores/as (casi todos los/as profesores/as que conozco traducen a autores/as de América Latina al italiano). Precisamente, la Asociacion Italiana de Estudios Iberoamericanos (AISI) auspicia un premio de traducción.
A lo mejor no tienes una respuesta para esto, pero, ¿cómo crees que se pueden crear empresas de distribución centroamericanas rentables?, porque creo que también, gran parte de la incomunicación radica en esto.
Eso es un asunto muy complicado porque pasa por asuntos aduaneros, porcentajes de distribución, gastos, políticas públicas. También en mi libro (ver referencia al final) encontrarás información sobre esto. Sin embargo, mediante las redes sociales nos enteramos de todo lo que se está publicando en Centroamérica, de las presentaciones de libros, de los festivales. Además, muchos libros se pueden comprar online o en formato electrónico. Por lo tanto, creo que esa incomunicación es relativa.
La literatura puede, a veces no, ser un reflejo social. ¿A partir de la literatura de Centroamérica que estudias y conoces, qué claves nos puedes ofrecer para ayudarnos a interpretar el momento actual, político y cultural que atraviesa la región. Puedes limitarte a hablar de un país si quieres, por ejemplo, El Salvador.
Creo que las literaturas y las artes de El Salvador son, como siempre lo han sido, lugares de resistencia y de gestión de vida.
Más referencias:
https://cuadernoshispanoamericanos.com/todo-sueno-es-politico-repertorios-de-gestion-de-vida/
https://es.scribd.com/doc/105335234/LITERATURA-Analisis-de-situacion-de-la-expresion-artistica-en-El-Salvador-por-Tania-Pleitez-Vela

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