Raúl Figueroa Sarti, editor y fundador de F&G Editores

Raúl Figueroa Sarti



Raúl Figueroa Sorti: "La lectura nunca ha sido de masas. Yo creo que más que quejarnos debemos alegrarnos de que se está publicando, de que hay jóvenes que están participando en clubes de lectura. No es un horizonte sombrío. Yo soy optimista sobre eso." 

 

F&G editores, de Guatemala, trabaja como si no hubiera un mañana. Creada en 1993, tres años antes de los acuerdos de paz, se convirtió en la editorial que ha relatado la guerra, que ha ayudado a romper 36 años de silencio, con libros poderosos que han ido juntando las piezas fragmentadas de un país donde todavía deambulan genocidas por los cuarteles, palacios ministeriales y el mundo empresarial.

A su cabeza, se encuentra Raúl Figueroa Sarti, una figura central del mundo editorial centroamericano.

Figueroa Sarti se ha forjado en la dificultad. Dos veces exiliado en los ochenta y a mediados de los 2000, su trabajo, esta vez a cargo de la editorial (con libros incómodos) puso nuevamente en peligro su integridad y la de su familia, obligándolo a alternar su residencia entre Guatemala y Nueva York.

 

Pese a la dificultad que implica dirigir un proyecto como el suyo (por cierto, reconocido con premios internacionales de peso), donde se congenia la publicación de textos combativos literarios (no solamente en castellano sino también en lenguas originarias), de memoria, de política, de educación en el Derecho, dentro de un país con profundos nichos reaccionarios, F&G editores ha conseguido engarzar la vocación ciudadana de la empresa editorial con fórmulas de rentabilidad que le han permitido publicar con libertad y participar en el impulso de otros proyectos, como la la Feria Internacional del Libro de Guatemala (nos quedamos cortos).

 

Pero quizá el mérito más grande de Figueroa Sarti y de F&G editores es que se volvieron necesarios.

Sin el trabajo de esta editorial profundamente política y social, los poderes más conservadores ya se habrían apropiado de la consciencia y la memoria del país.

 

Sin sus libros, la masa crítica guatemalteca estaría mutilada.

Nos encontramos en la FIL de Guadalajara, por la mediación del escritor y gestor cultural guatemalteco estadounidense David Unger (con obra publicada en la editorial). Figueroa, modesto, profundo, se sentó a conversar.

 

Nos hemos conocido un poco; hay en los centroamericanos una familiaridad natural cuando nos reconocemos en espacios como este. Raúl Figueroa habla con cariño de Honduras, recuerda con aprecio y admiración a Isolda Arita, editora de Guaymuras, que, en su momento, fue un referente regional importante.

 

Raúl Figueroa Sarti

 

Soy Raúl Figueroa Sarti, tengo ahora 69 años, nací en Mazatenango. Me fui más o menos a los 11 años a la ciudad de Guatemala, donde hice mis estudios de secundaria y estudié para maestro. Luego ingresé a la Universidad de San Carlos a estudiar agronomía, pero tuve que salir en 1980 a un primer exilio. Volví a Guatemala en el 82 y tuve que volver a salir en el 84 hacia Costa Rica, y fue justamente en Costa Rica donde empecé mi trabajo editorial. Ahí empecé a trabajar primero en composición de textos para la Secretaría General de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales. Posteriormente, ya me fui dedicando más a la edición, volví a Guatemala y en 1993 y fundé la editorial F&G editores, que en principio tenía la intención de dedicarse a hacer una editorial casi que exclusivamente de textos legales.

 

Pero bueno, poco a poco nos fueron buscando autores de ciencias sociales, nos fueron buscando autores de literatura, y pues fueron realmente los autores, los que han construido la editorial que es hoy F&G editores.

 

Son 32 años de F&G editores, ¿a cuánto asciende el catálogo de libros que tienen?

 

Tenemos unos 250 títulos que todavía están, digamos, vivos. Hay algunos libros que se agotaron y ya no los hemos reeditado ni están disponibles en este momento.

 

Es un proceso lento. Ha habido años en los que hemos publicado, cinco o seis títulos; hay años en los que llegamos a publicar 20, 22 y luego bajamos a diez. Pero digamos que en los últimos años nos hemos situado más o menos entre los diez y los 15 títulos por año.

 

¿Cómo ha ido evolucionando el ecosistema para la producción del libro en Guatemala?

 

Mira, yo creo que efectivamente ha sido una cuestión de hacer algo distinto, en donde mi rol como editor ha sido más bien tratar de buscar imprentas que me den un buen producto. Es decir, yo tengo claro que el diseño que yo hago no lo es todo. Y ahí, cuando empecé a hacer libros en Guatemala, el primer libro que hice, lo hice en papel bond blanco, que no me gusta el bond blanco para libros, pero era lo que había.

 

Y empezamos a buscar y a buscar, y encontramos que finalmente había un papel más o menos cercano al bond libro, y lo hicimos en ese papel, que era más barato que el bond blanco, y a la gente le gustó. Y otras editoriales empezaron a hacer sus libros en ese bond crema, al punto de que ahora ese papel es más caro en Guatemala que el blanco.

 

No porque sea más caro de origen, es porque se ha apreciado mucho como material para hacer libros. Luego, por ejemplo, el primer libro que hice me lo engraparon. Entonces, a pelear con la imprenta; mire, yo no quiero grapas, háganme un libro sin grapas.

 

La grapa no permite leer el libro, no permite que el libro salga. Luego, la calidad, el acabado de la cubierta, lo mismo. La calidad de impresión de los interiores, igual. Es decir, todo un proceso de pelear, de ver que se hagan bien las cosas. Este año, por primera vez, nos aventuramos a hacer en Guatemala libros en pasta dura. No, no la primera vez, ya habíamos hecho libros en pasta dura. Y nos ha funcionado, es decir, porque ahí ves que sí hay imprentas que te lo pueden dar y que no necesitas hacerlo en el extranjero. Bueno, sencillamente tienes que tratar de que haya un cuidado, un control de calidad que haga que el libro salga bien hecho. Y estar siempre muy pendiente de eso, de ver que la imprenta te dé un buen tono en la calidad de impresión. Porque a veces va a ser una impresión muy pálida, no se lee, etc. Pero ha sido, y creo que al final de cuentas, se ha desarrollado en el país la idea de que el libro tiene que ser un libro de calidad. Bueno, a mí me decían mucho: “el libro no es nariz de santo”, ¿no?, respondía yo. Sí, sí es nariz de santo. El libro hay que cuidarlo como la nariz del santo, ¿no? Debe estar perfecto. Y claro, es difícil hacer un libro perfecto, vas a tener errores ortográficos que se te escapan, una coma de más, una página que quedó torcida. El esfuerzo es evitar que el libro sea un libro feo. Tiene que ser un libro bonito que resulte atractivo visualmente para el lector y lo puedan leer.

 

Y en términos de administración, ¿funciona como una empresa? ¿Cuál es su naturaleza?

 

Es una empresa, a pesar de todo este trabajo que hacemos, de la cantidad de libros que sacamos, somos una empresa pequeña. En este momento trabajamos cinco personas. Hay que tomar en consideración que en Guatemala no hay empresas distribuidoras, no hay empresas maquetadoras. Todo el proceso lo hacemos nosotros, salvo la impresión. Y luego nosotros tenemos que distribuir en la librería, hacer la venta directa en redes sociales, etc.

 

¿Y el promedio del costo del libro como resultado final, más o menos en cuánto anda? ¿Son precios competitivos, por ejemplo, con respecto a México?

 

Digamos que con respecto a México no, pero con respecto al libro importado sí. En Guatemala trabajamos con papeles importados, las tintas son importadas, y además, el país es caro. Y las tiradas que hacemos son tiradas cortas, que hacen que el costo unitario del libro aumente y no sea, digamos, un libro barato. Pero, en términos del libro extranjero vendido en Guatemala, sí, digamos, somos competitivos.

 

¿Y la construcción de los lectores? ¿Cómo ha ido evolucionando desde el inicio?

 

Mira, ahí es poco lo que te puedo decir, porque digamos como editorial no tenemos actividades dirigidas a la formación de lectores. Se ha ido haciendo de manera natural, como dicen ahora, de manera orgánica.

No hay, digamos, una estrategia para construir un núcleo de lectores.

  

 

 

"La guerra sigue estando metida en la literatura guatemalteca. Está metida en la literatura guatemalteca. Y eso va a seguir por mucho tiempo, a pesar de que hay jóvenes que te dicen: no, ya ese tema está gastado"

 

 

 

¿Y el tema de la distribución?

 

Las librerías en Guatemala están concentradas en el sur de Guatemala. Hay unas dos, tres librerías en Quetzaltenango. Nosotros distribuimos en la capital, Antigua Guatemala y Quetzaltenango. Sé que hay una distribuidora que manda libros, por ejemplo, a Cobán, que es en el norte. Y luego ya, digamos, venta directa se distribuye en todo el país.

 

¿Y en Centroamérica?

 

Eventualmente vendemos libros para la UCA de El Salvador y Clásicos Roxsil de El Salvador. Estamos tratando de vender libros en Costa Rica. Nicaragua es un mercado cerrado hoy por hoy. Honduras, más o menos lo mismo. Los costos de transporte en la región son muy altos. Y a eso agrégale las dificultades aduaneras. Es complicada la distribución regional. Y además, hay que tomar en cuenta el poco interés que hay en estos países por los libros de los países vecinos. Hay poca circulación de libro regional en la región.

 

Cuando vemos Centroamérica son casi 50 millones, digamos, de habitantes. Potencialmente podría llegar a ser un mercado interesante.

 

Sí, pero luego te das cuenta que nuestros libros tampoco circulan en todo el país. Yo no sé, por ejemplo, si los libros que se hacen en San José circulan en toda Costa Rica. Porque es el mismo problema de la falta de librerías fuera de esos núcleos centrales. Entonces, es complicado. La distribución es lo más complicado. La venta de libro es lo más complicado. Y no siempre logras resolver que el libro llegue al lector.

 

Nosotros, por ejemplo, como región tenemos esos problemas que son estructurales. Pero ahora nos enfrentamos también a una época en la que vivimos pegados al teléfono. ¿Eso tiene un impacto, se está viendo o no realmente?

 

Esa es una pregunta que siempre me hacen. Vamos a ver, yo no he dejado de vender libros porque los jóvenes estén leyendo en el teléfono. No te puedo decir si eso nos está afectando. Tampoco tenemos mucha información estadística. Pasa que ahora ya hay menos gente que está leyendo. De hecho, se está publicando más, que no necesariamente significa que se esté leyendo más. De la misma manera que el que se venda más no significa que se lea más. La feria de libros de Guatemala cada vez tiene más visitantes actualmente*. Los expositores cada vez vendemos más en la feria de libros. En la feria cada vez hay más actividades. Nosotros en la feria de libros lo vemos, es decir, jóvenes que les interesa lo que publicamos. Y no son, digamos, libros de youtubers. Creo que no hay ningún país en el mundo donde los índices de lectura digan, wow, cómo lee la gente. Salvo tal vez en los países escandinavos, donde la gente no ha tenido otras cosas que hacer con esos inviernos. Yo no me quejo de que los jóvenes estén en el teléfono, porque al final de cuentas, probablemente van encontrar historias en el teléfono que los van a atrapar. La lectura nunca ha sido de masas. Yo creo que más que quejarnos debemos alegrarnos de que se está publicando, de que hay jóvenes que están participando en clubes de lectura. No es un horizonte sombrío. Yo soy optimista sobre eso.

 

Y en cuanto a la unión de los editores guatemaltecos, ¿hay alguna federación, alguna organización?

 

Nosotros tenemos una asociación gremial de editores que puede ser como una asociación de editores. En este momento creo que está integrada más por libreros que por editores. Pero sí, tenemos esta asociación que es la que organiza la feria de libro. Y que ha venido en los últimos años organizando también ferias de libro fuera de la ciudad de Guatemala. Ese es un fenómeno interesante en Guatemala. Además de la feria internacional que se organiza en la capital, ha habido departamentos en los que de manera local, con iniciativas locales, se están desarrollando ferias de libro. Está la feria de libro de Mazatenango. Está el festival cultural y feria de libro de San Pedro, Zacatepec y San Marcos en el occidente del país. Siento que en este momento en Guatemala hay mucha efervescencia cultural. Justamente en estos días se está realizando el festival internacional de poesía de Mazatenango, que ya tiene más de 20 años de realizarse de manera ininterrumpida. Entonces, todo eso es muy esperanzador.

 

¿Y a qué se debe esa efervescencia cultural?

 

Creo que tiene mucho que ver el momento político que estamos viviendo, que es un momento político difícil, complicado. En este momento corremos el riesgo de un retroceso político similar al que está viviendo Argentina, Costa Rica, El Salvador, grupos de extrema derecha, que hoy por hoy en Guatemala tienen colgada la justicia. Como contraparte, por lo menos en el 2015, hubo un resurgir de la movilización en contra de la corrupción, de la movilización ciudadana en favor de mayores libertades, de defensa de nuestra pobre democracia. Y eso se está reflejando en lo cultural. Probablemente son dos fenómenos que se entrelazan; lo cultural con lo político. Y hay festivales culturales, hay mucha movilización.

 

En este momento, ¿con qué claves se puede analizar el gobierno de Bernardo Arevalo?

 

Mira, el problema es que Bernardo Arevalo llega a un país polarizado; Guatemala lo ha sido eternamente. La gente pobre está casi literalmente comiendo mierda y una pequeña élite explota el resto. El 80% del valor agregado de la población del país se lo queda esa élite... Tenemos una gran parte de la población residiendo en Estados Unidos y mandando remesas. Si no existiera eso, este país ya hubiera caído. Esa élite tiene dominado el Estado. Además de lo que suele pasar en otras partes, que te financian partidos. En Guatemala, la élite económica tiene puestos en instituciones públicas, en donde ellos deciden, son juez y parte y toman decisiones que tienen que ver con el desarrollo del país. A ellos nadie los eligió, pero ellos deciden sobre eso. Ese es el panorama al que se enfrenta Bernardo Arevalo. Para el caso, el sistema de justicia está prácticamente cooptado. La Universidad de San Carlos, hoy por hoy, que siempre había sido una institución que daba luces, hoy está dominada por un grupo de delincuentes, que participan en las comisiones que eligen a los candidatos para la Corte Suprema de Justicia. Y encima Bernardo llega con un partido chiquito, sin mayor arraigo popular. Creo que debemos celebrar, y yo lo celebro, que todavía esté en la presidencia. Es una institución muy difícil, en donde está todos los días, diría yo, pasando en el filo de la navaja. Si se cae, ahí murió. Está en una cuerda floja, y en cualquier momento se puede caer. Hasta el momento, a mí me parece que se pueden haber hecho más cosas. Pero, aunque se debe, no se puede. Los límites de lo que se puede hacer en Guatemala son muy grandes, porque está ese poder económico, que sigue teniendo muchísimo poder político. Permitieron, además, que grupos criminales existieran dentro del Estado.

 

¿Cómo ves el panorama literario guatemalteco en este momento?

 

Yo creo que justamente esta situación hace que haya mucha progresión. No te diré que sea de la más alta calidad, porque hay mucho descuido en lo que se está produciendo. Hay una generación que tiene muchísima prisa por publicar, que no publica lo que escribe. El hecho mismo de que hayan desaparecido medios de prensa impresos, en donde, a veces, la gente tenía la posibilidad de publicar un cuentito, ya no se ve. No hay publicaciones de esa naturaleza, no hay revistas culturales. Pero sí se está produciendo bastante. Ha habido un incremento, como te mencionaba al principio, en la cantidad de libros que se están publicando. Y creo que, es una producción literaria que tiene potencial. Tiene potencial en términos de hacer libros, de hacer historias. Entonces creo que sí hay una literatura que está viva.

 

Para finalizar, la guerra en Guatemala, ¿cómo ha sido tratada, literariamente, la posguerra?

 

Todavía se está tratando. Yo acabo de leer ahorita un manuscrito con un tratamiento interesante. La guerra sigue estando metida en la literatura guatemalteca. Está metida en la literatura guatemalteca. Y eso va a seguir por mucho tiempo, a pesar de que hay jóvenes que te dicen: no, ya ese tema está gastado. No está lo suficientemente abordado, porque la guerra sigue viva en nosotros: es decir, el miedo sigue, el silencio continúa. Todavía no hemos roto por completo el silencio. En estos momentos hay gente que no habla porque tiene miedo de ir presa. La guerra va a continuar siendo parte de la literatura guatemalteca, por unas cuantas décadas más.

 

* XXII Feria Internacional del Libro en Guatemala | Runimaq’ij ri Wuj Chi Iximulew





 










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