Las novelas de Miguel Huezo Mixco son huidizas, libres, difíciles de catalogar. La primera, Camino de hormigas, apareció en 2014, 22 años después de los Acuerdos de Paz de El Salvador. Antes de ella, ya tenía una obra prolija como poeta y ensayista.
Esta obra marca el tono de sus dos libros
siguientes, La casa de Moravia (2017)
y Los días del Olimpo (2019), donde
se hace una reconstrucción de la guerra con una atención especial en temas que
suelen ser soslayados al momento de reconstituir este episodio histórico.
Para eso justamente sirve la literatura,
para marcar con asteriscos y pies de página la gran Historia.
Los tres libros se leen como un tríptico y
tienen la particularidad, cada uno, de ser una novela corta, pero inmersas en
una geografía extensa.
La reseña sobre Días del Olimpo se encuentra en los archivos de este blog.
Camino de hormigas (2014) es la historia tras su paso por la guerrilla, de un mozo de establo radicado en Estados Unidos.
Es un personaje que se puede analizar en
diversos planos: fiel y honesto frente a su memoria de combatiente, discreto al
momento de emitir su juicio sobre la Historia, y, en una dimensión más íntima, se
muestra como un personaje solar, que busca la libertad a pesar de la opresión
del contexto.
Más de tres cuartas partes de la historia
se desarrollan en un ambiente de guerra, donde Huezo ejerce una excelente labor
de cronista.
A la par de una narración que rebosa
realismo y experiencia, se va construyendo una visión del conflicto con tintes
camusianos.
Lo sensorial (que puede ser el amor
carnal) aparece, se expresa y prima sobre la anulación de la propia
individualidad que exige un ejercicio bélico. Sin decirlo, Huezo Mixco deja una
pregunta: ¿vale más la guerra? ¿Vale más matar o morir, que amar o disfrutar de
los placeres del cuerpo?
Si bien el personaje es un militante
guerrillero, con un bagaje ideológico y un compromiso partisano, su eros no se diluye. Es su manera de
preservar su yo. Esa resistencia,
solar, por momentos inconsciente, lo preserva de no tergiversar la percepción
de la realidad, pero lo coloca en el punto de mira de su jerarquía.
En el tríptico de Huezo Mixco, la
preservación de la individualidad a partir de la afirmación del eros se destaca como una de las aristas
que sobresalen en el universo creativo del escritor.
A diferencia de otros autores con
experiencia de combate, que han trabajado el tema de la guerra, Huezo, si bien
no evade el análisis histórico o historicista, le resta peso cuando lo pone
frente al volumen de lo sensorial.
La búsqueda del amor, la comprensión de la
sexualidad, la ruptura con los lazos y los valores tradicionales, donde se
integra la jerarquía de géneros, son temas que el autor problematiza con mayor
pasión.
Volviendo visible el espacio donde moran
los detalles, el escritor salvadoreño demuestra que el accionar revolucionario,
lejos de ser emancipador, era profundamente conservador.
Ser bisexual, homosexual o meterse con la
“mujer de otro”, eran agravios que podían ser castigados con más severidad que
una “desviación” de tipo ideológica o incluso una traición.
No llega a decirlo de manera contundente,
porque, por ejemplo, a diferencia de un autor como Milán Kundera, Huezo Mixco no
antepone su veleidad discursiva como escritor, prefiere ceñirse a la cronología
de los hechos.
Y como lectores, no hay nada mejor, pues
en su afán por no querer ejercer una “influencia”, presenta los hechos para que
sean juzgados por quien los lee.
Camino de hormigas es también la puesta en escena de amores
imposibles, de relaciones marcadas por los celos, los miedos, el
desconocimiento.
Es la intrahistoria, denegada pero
determinante en el derrotero de la gran Historia.
Los amoríos del personaje, precipitados,
volubles, son en cierta manera como episodios quijotescos.
La diferencia es que el Quijote vive en un
mundo de cordura y transporta la locura; aquí, el personaje, vive en la locura
y procura un poco de cordura, posible gracias al eros.
Enredados en una madeja de sentimientos,
la guerra se convierte en un laberinto.
Trata sobre El Salvador, pero no deja de
ser representativa de Centroamérica, donde las guerras siempre han sido contra
la Historia.
Desde este espacio, recomendamos abordar la
obra de Huezo Mixco como un esfuerzo literario que complementa la visión de la Historia.
Hay mucho que seguir diciendo y esperamos que pronto publique una cuarta
novela.

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