En 1973, antes de subirse al ring para enfrentar a George Foreman, Joe Frazier contaba con 29 victorias. Dos veces le había ganado a Ringo Bonavena, una a Jimmy Ellis y, sobre todo, le había endosado a Muhammad Ali su primera derrota.
Foreman, con más
victorias, 38, pero contra rivales menos poderosos, se había ganado el derecho
a ser el primer contendiente contra el campeón.
Tenía 25 años y
era un golpeador lento pero brutal, que había ganado casi todos sus combates
por la vía rápida.
Años más tarde,
diría Foreman que le temblaban las piernas antes de subirse a pelear contra
Frazier, uno de los boxeadores más intimidantes que se han visto. Quizá George,
por el respeto que le tuvo siempre a Frazier, exageraba. La verdad, es que le
hizo un careo antes del combate muy al estilo Sonny Liston, de quien había sido
su sparring.
Frazier, por
supuesto, le mantuvo la mirada sin intimidarse.
Los comentaristas
de la época (la pelea está entera en Youtube) comentaron que el primer asalto
de Frazier, por lo general, siempre era complicado. Smoking Joe era uno de esos boxeadores que van ganando fuerza
conforme avanza la pelea. El mismo Foreman decía: se prendía cuando lo golpeaban y se enfurecía cuando no le pegaban.
El caso es que
apenas transcurrido un minuto y algunos segundos del primer asalto, Foreman
empezó a combinar de manera muy peligrosa. Y Frazier, siempre frontal, en lugar
de reajustar rápidamente su esquema, lo siguió buscando. El castigo llegó en
forma de un uppercut de derecha, que mandó al campeón a la lona. La manera en
la que se doblan las piernas de Frazier al caer, da una idea del poder del
puñetazo. Sacudido, y poco acostumbrado a ese tipo de castigo, Frazier, en lugar
de hacer un poco de tiempo en el conteo, como hacen todos los boxeadores hoy en
día, se incorporó de inmediato.
Foreman, sin
precipitarse, continuó machacando. Unos segundos después, vino otro uppercut,
por el mismo lado y de nuevo, Frazier cayó a la lona. Si la primera caída se
podía tomar como una sorpresa, con esta segunda vuelta al piso, se empezaba a
firmar el traspaso de poderes. De nuevo, el golpe había sido demoledor. Pero Frazier,
sin el mayor asomo de duda, se volvió a levantar. La tercera caída en un mismo
round (antes era permitido) vino unos segundos después, otra vez, por la derecha
de Foreman.
Cuando repaso el
desarrollo de esta pelea, me digo que hay dos cosas en la vida que una persona
siempre debe tener en cuenta, la primera: nunca confiarse demasiado, y la
segunda, saber adaptar rápidamente una estrategia de cambio cuando las cosas se
ponen feas. De hecho, también está permitido huir y tragarse el orgullo cuando
enfrentamos un rival demasiado fuerte.
Lo que vino más tarde,
en el segundo round, fue el acabose de Frazier. Foreman lo mandó al piso tres
veces más, con derechazos brutales que milagrosamente no lo expulsaron del cuadrilátero
(aunque sí lo suspendieron del suelo).
Si Frazier se
había convertido en leyenda derribando a Ali, Foreman se convertía en leyenda
destruyendo a Frazier, a quien le ganaría una segunda vez unos años más tarde
(también destruyó a Norton).
En Jamaica,
Foreman iniciaría un corto reinado que acabaría en la pelea más famosa de todos
los tiempos: Rumble in the jungle,
donde Ali, derrotaría a Foreman en el estadio de Kinshasa en el antiguo Zaire,
hoy Congo.
Los setenta fue la
época dorada de los pesos pesados, y Foreman, al lado de Ali, Norton, Frazier y
Sheavers, entre otros, fue, de todos ellos, el más poderoso y también el más
lento.
Con la muerte de este enorme campeón, a los 76 años, concluye un ciclo irrepetible en la historia de este deporte. Suele decirse que no es justo comparar épocas, pero su segundo ciclo, en el cual se erigió campeón, a los 45 años (como el campeón más viejo de la historia, derrotando por un knock out sorprendente a Michael Moorer), demostró que los de su época sí fueron los mejores (por poco le gana a un Evander Holyfield en plena forma y 13 años más joven. Holyfield diría que nunca nadie le pegó tan duro como él, ni siquiera Tyson o Lewis).
El carisma de
Foreman fue muy distinto al de todos los demás campeones. Siempre se dijo que
peleaba sin odio y se notaba. No se contenía, pero tampoco buscaba matar a sus
rivales; de hecho, en varias peleas, baja la intensidad de los golpes y hasta
pide a los árbitros que detengan el combate. Por lo que se ha dicho de él tras su
muerte, se intuye que fue un hombre bueno, un deportista de élite, un tipo de
familia y un empresario muy hábil (ganó más de 200 millones de dólares en sus
inversiones fuera del boxeo).
De sus 81 peleas
profesionales (una cantidad exagerada para un peso pesado, impensable hoy en
día), solamente perdió cinco; la pelea contra Ali y contra Jimmy Young en su
primer ciclo, y contra Holyfield, Tony Morrison y Shannon Briggs (ya con 48 años)
durante su segundo período, en los noventa.
Descansa en paz, big George.

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