Nosferatu, de Robert Eggers (2024)

¿Es una obra maestra el Nosferatu de Robert Eggers? En mi opinión, sí lo es. En primer lugar, por su capacidad para reconstituir un tiempo y espacio propio. Al ver la película, el espectador es sustraído de su presente, de su ambiente, y es conducido a un espacio entre la ficción y la historia, que se ubica entre Alemania y la Europa Central. Este espacio geográfico-temporal, es una propuesta visual, una puesta en escena de lo que Eggers parece interpretar como una zona híbrida, entre una Alemania que se industrializa, opuesta a la región de los Cárpatos y los Balcanes, donde todavía se preserva la magia.

Más allá del cine, se retrata dos mundos que coexisten en la misma Europa y que hasta la actualidad, se desconocen el uno al otro. Aunque probablemente Europa del Este, para Europa occidental, sigue siendo más desconocida que en sentido inverso.

La escena donde llega el personaje de Thomas Hutter (con un contrato de compra de casa para Nosferatu) a un pueblo de gitanos donde todos se ríen de él tiene una resonancia filosófica donde el descubrimiento y la sorpresa de la otredad adquieren un giro macabro (la burla).

La burla, como expresión humana, es un gesto que puede ser aterrador por su carácter enigmático y oscuro.

Más adelante, el mismo pensamiento racional de Hutter, le permite sobreponerse a la amenaza sobrenatural de Nosferatu.

Toda la primera parte, desde el inicio de la película hasta la llegada al castillo de Nosferatu es parca en diálogo e intensa en imágenes.

Una señal de buen cine es cuando las imágenes hablan en lugar de las palabras, cuando el espectador es conducido por una suerte de onirismo.

En este primer tercio de hora, Eggers plantó las bases para mostrar que había entendido y profundizado en la obra de Bram Stoker.

Drácula, Nosferatu es esencialmente lo mismo, es una novela que reconstituye una época en Europa, que pugnaba entre el pensamiento racionalista y el pensamiento mágico-religioso. El estilo, la simbología, la aproximaron al arte romántico y así es como ha entrado en la historia. En mi opinión, Bram Stoker, más que apoyar una corriente, se sirvió de ella por cuestiones estéticas.

Todo esto, se transmite en la obra de Eggers.

Las escenas de la peste bubónica (la película se ambienta en 1838, el último brote de peste fue en 1812), que viene con Nosferatu y que asola la ciudad, parecen reconstituidas a través de los testimonios de las pestes, de las pinturas y grabados. En ese fresco, también acude a imágenes como las de la barcaza que recorre el río, o el cuerpo del demente poseído, imágenes que bien podrían ser de Brueghel.

La armonía y eficacia con la que empleó todos esos recursos visuales, así como el trabajo actoral de Lily Rose Deep, de Emma Corrin o de Wilhem Defoe, y de los demás actores, demuestran que para la realización de la película hubo mucho estudio y preparación.

La cinta está llena de detalles, de referencias, de recursos que se salen de la manera actual de hacer cine.

Últimamente, el cine descuida la reconstrucción de los ambientes y ha caído en la facilidad en la transmisión de los mensajes.

En esta película, el decorado, la vestimenta es sublime y las escenas contienen un realismo que demanda un trabajo de verdadera escenificación (se emplearon 2000 ratas en las escenas donde aparecen, y el equipo de grabación también trabajó en Transilvania).

Los personajes interpretan personas de la época, no son adaptaciones contemporáneas del pasado.

Otro detalle interesante es que no busca hacer un efecto de espejo con fines político-propagandísticos.

Bien se pudo haber hecho una película que remitiera, para el caso, a la guerra entre Ucrania y Rusia, o también los estudios pudieron haberle torcido la mano a Eggers para que crease una confrontación entre un occidente unificado y un oriente, que va desde Europa del Este hasta el Medio Oriente.

El guion respeta el sentido de la novela y propone una historia de amor.

Fue un desafío hacer esta cinta, sobre todo por el peso y la recurrencia en el cine que ha tenido el personaje de Drácula y Nosferatu.

Yo diría que esta versión ha sido mejor que la de Coppola.

Queda como tarea pendiente volver a ver la obra de Murnau de 1922 y la de Werner Herzog de 1979. 




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