El turista accidental, de Lawrence Casdan (1988)

 

El canal de Youtube de Warner Brothers sube películas a las que se puede acceder gratuitamente. Entre sus opciones, está El turista accidental, con William Hurt, Geena Davis y Kathleen Turner.

Fue una película sin grandes pretensiones, muy bien recibida por la crítica de la época. Una muy joven Geena Davis se llevó el Oscar como Mejor Actriz Secundaria y William Hurt, que estaba en su auge, recibió una nominación.

Se trata de una historia íntima, de un hombre, Macon, escritor de libros de viaje, que lleva una vida tristona y monótona.

Detrás de una fachada de aparente orden, subyace la tragedia de la muerte de Ethan, el hijo de la pareja que Macon conforma con Sarah (Kathleen Turner), quien después de un año de duelo, toma la decisión de separarse.

Macon lo vive mal, pero no puede oponerse.

Una mañana, mientras inventa un sistema para ahorrar tiempo en la limpieza de su ropa, tiene un accidente casero, que altera su rutina.

Sus hermanos se mudan a su casa para cuidarlo. Entretiempo, conoce a Muriel (Geena Davis), una mujer espontanea, modesta y cálida, con la que entablan relación.

Muriel pertenece a otra clase social y no cuadra con el marco rígido de Macon y su familia.

Si se ve solamente desde la perspectiva de la trama, se trata de una historia sencilla, clásica. Sin embargo, la trama, fue diseñada para darle movimiento a la historia, que encierra una propuesta profunda, y es la de retratar la idiosincrasia de un cierto sector de la sociedad estadounidense, predominantemente blanca, que vive, por y para la economía de los sentimientos y del tiempo.

Macon, que tiene, en principio, un trabajo que le ofrece libertades plenas, se las arregla para convertir su trabajo en un manual rígido de la organización, donde cada acción, cada palabra, están medidas al gramo.

Esta forma de vivir, reprime permanentemente la manifestación de los sentimientos y las emociones. Es una especie de agujero negro, que se traga la energía de vivir. Si el personaje de Macon hubiera sido interpretado por Tom Hanks, la cinta se habría convertido en una historia romántica facilona.

Hurt y Turner (con un rol menor pero sobresaliente), le dieron a la película un aire de Ingmar Bergman.

Macon no solamente es el padre huérfano, el marido abandonado, es también el representante de un sector social engullido por su propio individualismo, cuya escala de valores, rechaza lo imprevisible, lo novedoso, lo que se le escapa de control.

Es justamente este perfil (vinculado políticamente con el Partido Demócrata), el que ha perdido el pulso frente a la avanzada conservadora que se ha tomado ese país.

El exceso de individualismo, el sentimiento de superioridad y la protección a ultranza de su modo de vida, los ha llevado a un aislamiento social y conducido a una decadencia, que buscan contrarrestar haciendo meas culpas para todo menos para lo esencial: el rechazo al individualismo.

Cuando apareció la película, Estados Unidos estaba despidiendo al gobierno de Reagan y quizá su director, Lawrence Casdan, aprovechaba la oportunidad para atacar el inmovilismo de un sector con influencia, que se había dejado arrebatar el timón del país por una oleada reaccionaria que buscaba astillar todo signo de cultura y apertura (consiguiéndolo).

Porque Macon, a pesar de su esnobismo, es en principio un hombre culto, con un sentido del decoro y la probidad (a la imagen del gringo “liberal y progresista”).

Hurt integró todos estos conflictos al personaje, sumándole un fondo de tragedia personal (la muerte de su hijo).

Interesante es también tomar en cuenta la meta-interpretación, donde queda reflejada su propia vida atribulada (Philip Seymour Hoffman y Richard Dreyfuss tenían un juego de actuación similar).

En los ochenta, este formidable actor, batallaba contra el alcohol, las drogas y otros demonios. Murió en 2022, cuando todavía le quedaba mucho por ofrecer.

Vale la pena ver esta película, reposada e introspectiva.    




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