El pecho, de Philip Roth (1972)

 Apasionado de Franz Kafka, Philip Roth, en 1972, tomó prestado el tema de La metamorfosis, no para convertir a un hombre en bicho sino en un pecho. Un pecho gigantesco, redondo, suave, ciego y sensible al tacto.

David Kepesh es un profesor de literatura, apasionado de Kafka, que un día, amanece convertido en una gran mama.

Se trata de una novelita corta, satírica, que explora la sexualidad de este profesor universitario. Metamorfoseado, el profesor Kepesh, se descubre como un ser uni-sensorial, inútil y dependiente de los demás.

Fue un ejercicio literario, escrito a inicios de una década donde todo parecía posible, sobre todo en Nueva York, la ciudad de Roth.

Es a su obra, lo que es, a la carrera de Woody Allen, alguno de sus cortometrajes. Suma a su historial literario, sin aportar necesariamente algo nuevo a la literatura, como sí ocurrió con otras obras suyas.

Por esos años, Roth ya daba muestras de su futura influencia y comenzaba a desarrollar ciertas inquietudes acerca de la sexualidad, el mundo universitario y la mirada de los otros.

La novela cuestiona los límites de la sexualidad en los hombres. David Kepesh, siendo un pecho, ya no posee órganos masculinos, sin embargo, sigue viendo y pensando en función de su sexo, lo que permea su mirada acerca de todas las relaciones humanas.

No extraña a su pareja como persona, sino como compañera física. Si la desgracia de Gregorio Samsa sobreviene como una especie de castigo divino por haber llevado una vida insulsa de burócrata sin jamás rebelarse, David Kepesh sufre una emasculación que transforma por completo su existencia física.

La novela o nouvelle (por su tamaño) reivindica no solamente al escritor praguense, sino también a Gogol y a Jonathan Swift.

Personalmente, creo haber comprendido bastante de este proceso literario de Roth porque entre mis cuentos publicados, también concebí una especie de Metamorfosis en el desconcertante relato de José María Argüello. En mi parábola, el individuo, pierde su sombra, y luego contrae la lepra. Fue una manera que empleé para presentar cómo se pierden o se pueden perder los derechos fundamentales de un día para el otro.

Las metamorfosis nos obligan a asumir nuestra nimiedad frente a la contundente e implacable arbitrariedad de la existencia. Un día estamos sanos, al día siguiente, podemos caer terriblemente enfermos. Un día somos reyes, al día siguiente, amanecemos convertidos en cucarachas.

Al igual que Carlos Fuentes, Roth construyó una carrera, consciente de su valor y de su influencia. Ambos autores alimentaban una visión del escritor como un intelectual que impone su manera de pensar, que tiene peso también en el ámbito político y en los usos y costumbres sociales. Quedan pocos escritores con estas características, o el mercado ya no le interesa promoverlos.

En esta época, ni Fuentes ni Roth tendrían la misma influencia. En primer lugar, serían apuntados con el dedo, por ejercer su libre pensamiento de manera indiscriminada. Difícilmente, una novela como El pecho sería publicada en estos días (sería tomada como una “provocación hetero-normativa o un dardo del patriarcado disfrazado de discurso intelectual). No se trata de una gran novela, pero se agradece que haya salido a la luz, en una época donde existían mayores libertades que en la actual.

El mismo Roth anunció la expansión de la cultura de la cancelación, seguramente porque se movía en los círculos académicos norteamericanos más elevados, y veía cómo pensamientos oscurantistas fomentaban la gestación ideológica de corrientes de pensamiento que se atribuyen suprapoderes morales.

En su momento, hasta se le acusó de antisemita, a él, uno de los autores judíos contemporáneos más importantes. Lo mencioné en otra reseña: hay que leer la obra de Roth, seguirla desmenuzando, aprender de ella y observar su fuerza anticipatoria.




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