Están los grandes actores estadounidenses de los setenta, los Pacino, los De Niro, los Hoffman, los Duvall y en otra categoría, inclasificable, se encuentra un rey sin corona, Gene Hackman.
Conversación secreta es una película menos celebrada y conocida de
Coppola, aparecida en el mismo año que estalló el escándalo del Watergate (las escuchas telefónicas del
aparato de Nixon).
En la cinta, el
personaje de Hackman, es un especialista de la tecnología del espionaje, a
quien un cliente poderoso (Robert Duvall) le encomienda espiar a una joven
pareja.
Harry, así se
llama el personaje, parece perturbado por esta historia, sin embargo, graba su
conversación con relativa nitidez.
Asistido por
Stanley (John Cazale, otro clásico de los 70), escuchan, transcriben y procuran
descodificar la grabación.
Es una película que
se suma a la revuelta producida por Watergate.
En términos políticos, da una idea del papel de Francis Ford Coppola como director
y miembro del aparato crítico del sistema.
La cinta sigue la
misma línea de Blow Up, de
Michealangelo Antonioni, inspirada a su vez del cuento de Julio Cortázar, las babas del diablo, donde se avizora
la Inteligencia Artificial y la “autonomía” de las máquinas.
La preocupación
toral es la invasión de las nuevas tecnologías y las estructuras de espionaje
interior.
Después de un
lustro de liberaciones sociales, de libertades sexuales, a mediados de los 70
el conservadurismo se había renovado, aportando como nuevo componente la
sospecha del enemigo interior, que tanto peso había tenido durante la Guerra de
Vietnam.
Durante la Guerra
Fría, y en la narrativa que se impuso cuando concluyó, siempre se asoció a los
países del bloque comunista, como Estados policiales.
Por supuesto que
lo eran, sin embargo, Watergate probó
que el poder en Estados Unidos también torpedeaba el sistema democrático.
Por eso fue tan
importante el papel de la prensa, que vino a salvar al país de una crisis
política mucho mayor (en ese entonces).
Conversación Secreta se centra también en el papel de los
desarrolladores de tecnología y en su responsabilidad ética. Hackman está
consciente de ello y procura resistirse.
Al final, queda
atrapado en las trampas del poder.
Su personaje,
ignoro si Coppola se lo propuso, es muy cortaziano. Harry toca el saxofón en
las noches, vive como un fantasma, es un hombre siempre en fuga, como el
personaje de El perseguidor. También se
percibe una influencia de Hitchcock y de Antonioni.
Años más tarde,
será Brian de Palma quien le dé continuación a esta idea de la persecución interior
con Blow Out.
Casi se pudo haber
creado un género, muy próximo al género negro.
Queda flotando una
idea en el aire, y es la premonición de un gobierno estadounidense omnipresente
en la vida de las personas, un monstruo que procura evadir a toda costa una
imagen orwelliana. Es preciso hacer una segunda lectura con Conversación secreta y plantearse si no
buscaba Coppola mostrar que en realidad la democracia en su país estaba
secuestrada por un poder obsesionado en controlar a la gente, en hurgar sus
vidas. El fin de los estados policiales del bloque comunista era preservar la
cúpula del poder, ahogar las disidencias, negar la posibilidad de otras
alternativas políticas, y por supuesto, mantener impune a una élite.
El gran Estado
policial que es Estados Unidos busca esencialmente lo mismo, con la ventaja de
que al volver al ciudadano un consumidor, le extirpa la consciencia política y
lo vuelve dependiente de un modelo económico basado en el consumo.
El Estado policial
existe y se resume en un teléfono celular.
Conversación secreta fue realizada entre los dos Padrino, en una época donde se estaba tambaleando la hegemonía
estadounidense. La banda sonora de la película también es genial.
Aunque los
aparatos de espionaje de la época, comparados con los actuales, son
prehistóricos, los mecanismos de espionaje siguen iguales.
Verla es una
oportunidad para deslizarse en la “otra” obra de este genial director.
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