Hay novelas que más vale encontrar tarde en la vida, o cuando menos, con un cierto camino recorrido. Por supuesto que Sostiene Pereira, puede leerse a cualquier edad, sin embargo, es una novela crepuscular, escrita con claves para despertar rebeldías "tardías".
El personaje, Pereira, viudo, a mitad de sus cincuenta, se conforma con vivir una vida simple, repetitiva, sin luces. Está a cargo de la sección cultural de un periódico católico portugués que se pretende libre e independiente. Son los años treinta, España entra en plena guerra civil y Portugal, donde se desarrolla la novela, vive bajo Salazar.
Pereira es un intelectual de talento y un hombre de principios, que ha optado por establecer una distancia entre su propia existencia y la atmósfora política represiva que vive el país.
Pereira se aferra, ya sea al intelecto, la autoconmiseración, la religión o la cultura, para evitar las preguntas incómodas y el llamado de su consciencia.
Mal que bien, es capaz de manejar lo que sucede en su cabeza, en cambio, no le es posible denegar lo que ocurre en la calle, donde, para evitarse problemas, debe ceñirse a la ley de la omerta.
Está consciente y le pesan los abusos de la policía y el silencio de la prensa.
Para un hombre que no es valiente ni arrojado, pero que tampoco es cobarde y que, funciona bajo un sistema de valores y principios, la mordaza empieza a volverse insostenible.
Tabucchi, maestro escritor, introduce en Pereira el germen de la rebelión, primero, a través de preguntas oblicuas que se hace el mismo personaje, luego, con acciones que no se explican lógicamente, pero que se encaminan a un despertar de la consciencia.
El encuentro de Pereira con una pareja de jóvenes revolucionarios descarrila el tren de la prudencia y la neutralidad en el hasta ahora se ha conducido el personaje. Otros encuentros, donde se plantean las preguntas esenciales, terminan de borrar al hombre cauto. Asistimos a la metamorfosis de un hombre, que va dejando la piel de la neutralidad.
Cada aspecto de la novela está cuidado al extremo. No hay fallas, es una novela técnicamente perfecta, pero más allá de eso, es una obra conmovedora, agitadora de consciencias.
Poco tiempo después de publicado el libro, se adaptó al cine, con Marcelo Mastroiani en la piel de Pereira.
La cinta es fabulosa y respetuosa del libro.
En un reportaje sobre los lanzadores de alerta (esa gente que toma la decisión, a pesar de los riesgos que contraen, de denunciar modos de operación, injusticias, abusos, etc. Que presencian y conocen en sus ambientes de trabajo), el abogado de un par de lanzadores de alerta muertos en condiciones extrañas tras denunciar prácticas inaceptables en la compañía Airbus en Estados Unidos (partes defectuosas en los aviones), al hablar de ellos, mencionaba que cada persona tiene un gigante al que debe combatir. Ese gigante está ahí, con los brazos cruzados, confiado, haciendo y deshaciendo, con nuestro silencio como cómplice.
No es fácil ver al gigante, a veces es tan grande que no somos capaces de verlo.
La novela Sostiene Pereira, en otras palabras, es la novela de cómo un hombre descubre y denuncia a su gigante.

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