Rodrigo Prieto tiene una maravillosa carrera como director fotográfico, que hace honor a la tradición cinematográfica de los grandes fotógrafos de cine mexicanos. La elección de adaptar Pedro Páramo, como su primera película, no es una elección casual.
Rulfo, además de escritor, fue un extraordinario
fotógrafo, muy próximo al cine (su hijo, Juan Carlos Rulfo, es director) y la
novela se alimenta del mundo de las imágenes que retrató el escritor en
su faceta de fotógrafo.
Un mundo forajido, del México rural, que
existe y existía como el testimonio de los grandes conflictos agrarios, las
guerras cristeras y pos revolucionarias; un país imbuido en un tiempo
indefinido entre el olvido y el no me
acuerdo, como bien lo bautizara Juan Carlos Rulfo en su película más
emblemática.
Además, esta segunda versión
cinematográfica de Pedro Páramo, fue
precedida, casi 50 años atrás, con la notable participación como director de
fotografía del referente más grande de la fotografía cinematográfica mexicana,
el ancestro artístico de Prieto, el enorme Gabriel Figueroa.
De hecho, Prieto respeta y da continuidad
y revitalización al trabajo de esa primera versión, y hay planos fotográficos
que son incluso muy similares.
Hay que decir, no obstante, que, como obra
cinematográfica, ni aquella ni esta versión de Pedro Páramo son excepcionales.
Quizá porque la sombra del libro y la
naturaleza propia de la estructura narrativa, está concebida primeramente para
ser leída o escuchada.
Sí, Pedro
Páramo es una novela cargada de imágenes, pero, sobre todo, está compuesta
de voces. Rulfo dudó en llamarla los
murmullos.
Al momento de concebir la película, Prieto debió haberse preguntado qué tanto iba a respetar el sentido de la obra.
Por el resultado, se entiende que procuró mantener la estructura del texto y respetar buena parte de los diálogos. Una decisión muy respetable y hasta sorprendente en estos tiempos donde se suele "revisitar" con demasiada facilidad los clásicos.
No deja de ser una película de Netflix, pensada en función de su
viabilidad y éxito comerciales, pero es principalmente un proyecto
cultural de difusión de la obra de Rulfo.
Gracias a Prieto, Pedro Páramo tendrá una nueva vida y llegará a la casa de millones
de personas que no conocen la historia. Eso es impagable. Por una vez, la
opción de crear un buen producto comercial, supera la intención de crear una
película de autor (que la habría vuelto más inaccesible), como a lo mejor, lo hubiera pretendido un Reygadas (esto
habla bien del director, quien supo poner su ego a un lado).
Probablemente, muchas de esas personas que
verán la película, buscarán posteriormente el libro y gracias a la inducción
cinematográfica, podrán leerlo con mayor facilidad.
Porque Pedro
Páramo no es un libro fácil, y lo es menos ahora que se lee poco.
La obra de Rulfo es todo lo contrario de
lo lineal y también de lo racional, además, para entrar en ella es preciso
contar con los conocimientos para adentrarse en las segundas o terceras
lecturas. La película facilita esta posibilidad.
Pero no se trata solamente de una “traducción”
literal del texto. Prieto, con su Pedro
Páramo habla de un México que persiste. ¿Cómo no pensar en todas esas zonas
rurales abandonas en la actualidad por culpa de la desertificación del campo? ¿Como no pensar en
la supresión y sometimiento de los pueblos indígenas? ¿Cómo no pensar en los desplazamientos forzados a causa de la violencia,
del narcotráfico? ¿Cómo no pensar en el machismo incrustado como un puñal en el
corazón de la sociedad? ¿Cómo no pensar en los fantasmas de los miles de
desaparecidos?
El rencor vivo persiste, pero la cinta ve más hacia adelante, hacia la herida que no sana.
Porque el México de la actualidad se está
llenando de muertos que no se han podido ir en paz. Y de nuevo, esa región tapatía
(Jalisco), donde operan algunos de los grupos criminales más sanguinarios del
planeta, está siendo sembrada de odios, de ánimas, de hijos que buscan pueblos
que ya no existen, vidas que, en sus propias manos, se hicieron arena. Hablar de México, también vale por toda América Latina, porque nunca como
antes, nos parecemos tanto unos a los otros.
Es una película que merece ser vista, y si se puede, también hay que transmitirla a nuestros hijos y explicarles que no se trata de una cinta de horror o de miedo, como la etiqueta la plataforma.
Hay que sembrarles la película para que un día descubran el libro.
Excelente, el análisis, la crítica, la inducción, me motiva a volver a leer el libro gracias Manuel.
ResponderEliminarQue bueno que le ha gustado la reseña. Es importante esta película, revitaliza la obra de Rulfo.
EliminarExcelente y como kñlatinoamericana desee Honduras historias que nos atañen como el desplazamiento las pasiones humanas ,lo real y mágico, realmente vale la pena leer ,releer y ver la película lo pasado se torna presente en un mundo caótico e interesante con enfoques modernistas ,pero con raíces profundas de desigualdad en pueblos olvidados
ResponderEliminarMuchas gracias por el comentario. Definitivamente, necesitamos en el país y en latinoamérica en general, que esta identidad se siga explorando y renovando. Como bien señalas, forma parte de nuestro pasado y se revitaliza con una mirada nueva, donde se pueden evacuar otras realidades. Gracias por tu lectura.
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