Paraiso: Fe de Ulrich Seidl (2012)

 

La sociedad austríaca debe ser realmente muy rancia para tener artistas con un sentido del humor y crítico tan brillante. Tampoco se puede obviar que tienen una tradición de artistas agudos, transgresores, maestros del humor negro y lo grotesco.

Fe, la segunda película de la trilogía Paraíso, trata sobre una mujer enfermera, que toma vacaciones. De inmediato, Seidl nos hace entrar en su intimidad y sin preámbulos, nos presenta a una integrista católica, que se latiga cuando siente que ha pecado o que ha sido “débil”. Anna María es una mujer organizada, al extremo para nuestras culturas latinas, dentro de las normas, para los estándares austríacos y de otros países europeos, que lleva una existencia metódica y devota.

Después de desayunar y de una serie de pequeñas rutinas, sale de su casa a evangelizar a extranjeros y a gente pobre, que vive en edificios de vivienda social.

Es imposible no reírse con estas escenas ridículas, de mojigatería extrema, pero tan reales en nuestro mundo actual, plagado de espíritus torturados, que han encontrado en ismos facilones, la vía legitimada para vendernos convicciones personales e ideologías retorcidas.

Lo que diferencia a Anna María y la vuelve en cierta forma simpática, es que ella no lo hace por un interés calculado. Lo hace por convicción. Es una católica ferviente pura, militante.

Y lo mejor, es que el objetivo principal de Seidl no es provocar la risa (como lo haría una comedia, de hecho, la película está clasificada como un “drama”). La provoca porque los artistas más finos suelen arrastrar el humor de manera natural. Seidl pone en evidencia la realidad de un país que es ultra desarrollado y ultra retrogrado a la vez.

Estos dos mundos conviven, se comunican. Quizá después de todo, la sociedad austríaca no sea tan rancia como lo parece, sino, que, a diferencia de sociedades más hipócritas, no esconde sus cosas feas en el armario.

Una noche, Anna Maria, quien sigue siendo una mujer en edad de disfrutar de su sexualidad, de regreso a casa, se encuentra con una orgia en un parque. Atraída y a la vez aterrada, observa los embates de un grupo de hombres y mujeres que copulan en pleno espacio público (hay que concederles que es de noche y en verano) sin ninguna retención.

Vuelve a casa mentalmente devastada, a latigarse.

Su cotidianeidad cambia y el espectador descubre que la señora, está casada con un inválido, que además, es musulmán, y que vuelve a casa, luego de una larga convalecencia.

En este punto la película alcanza otro nivel de profundidad y la condición humana de estos dos seres formados en estructuras mentales y culturales dogmáticas, se somete a fuerzas que parecen mayores que los dogmas: el deseo, la enfermedad, el amor, el hastío, la repulsión.

Seidl, de manera brillante, consiguió entrar en un tema tan delicado como la religión, exponer su visión con toda libertad, y exhibir a los dogmas en toda su ridiculez.

La película todavía se encuentra en Mubi.





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