Némesis, de Philip Roth (2010)

 

La última novela de Philip Roth, que al momento de escribirla tenía 77 años, es una novela sobre la juventud malograda.

Los grandes autores, Roth ha sido uno de ellos, sorprenden por su capacidad para encontrar temas diferentes, necesarios, en tiempos de mismidad y repetición.

La obra de Roth trata al humano como una línea recta que se tuerce. Es la vida. El error, la máscara, en este caso, la enfermedad ese accidente que da un golpe de timón.

La historia transcurre en Nueva York, al inicio de los años cuarenta, cuando la ciudad fue devastada por una epidemia de polio.

Un joven atleta, Bucky, responsable de una colonia de vacaciones veraniegas para niños y jóvenes, ve cómo varios de los chicos que están bajo su tutela, caen enfermos y muertos por la polio.

Es inevitable comparar el ambiente ansiolítico de la novela con la pandemia que vivimos en 2020 y 2021.

Los hospitales están desbordados, los servicios médicos no saben qué hacer, personas que en principio se veían fuertes, mueren.

Ante las dudas y los miedos, aparecen las acusaciones infundadas, el racismo, la estupidez, los rumores que se disfrazan de verdades.

Bucky, el protagonista principal de la historia, es un joven valiente y con un sentido de la responsabilidad incuestionable, que protege a su grupo como puede, con inteligencia y madurez.

Tiene un sentido de la responsabilidad quizá un poco exacerbado por su historia de vida. Huérfano desde muy pequeño, se ha criado con sus abuelos, quienes le brindaron la crianza del crepúsculo de la vida, una crianza reposada y prudente.

Bucky, en el campamento, atraviesa una guerra, con bajas y tragedia, que de alguna manera compensa, por lo menos ante su propia concepción ética del deber, su exclusión, por una serie de impedimentos físicos, de la guerra que se libra en Europa en esos momentos.

La línea de su vida, la que tan bien sabe retratar Roth, empieza a torcerse cuando acepta un trabajo sin riesgos, al lado de su prometida, en otra colonia de jóvenes, lejos de la epidemia.

Sin estar convencido de lo que hace, cede ante las súplicas y el amor de su novia, quien le pide que se aleje de la epidemia para venir a su encuentro en un lugar tranquilo y seguro.

La idea de dejar la colonia en crisis le resulta insoportable, Bucky no es de los que renuncia, sin embargo, su razonamiento, también lo persuade de que no debe sentirse un héroe y que, con él o sin él, el destino de los jóvenes de la colonia no cambiará.

Aquí Roth presenta un dilema interesante, la creencia o suposición de que una persona puede tener una misión predestinada frente a un colectivo, frente a la asunción de vivir una existencia personal, que se limita al círculo cercano del individuo.

En otras palabras, Bucky se pregunta si quiere imaginarse su propia historia como un héroe o si prefiere aceptar con humildad sus límites y perseguir una vida donde la promesa es la felicidad doméstica.

Opta por la segunda. Y lo primero que obtiene es la felicidad de su prometida. En el encuentro entre los dos, media una escena genial, impresionista, en medio de un viaje en canoa.

Bucky vive un poco de felicidad, aunque sin estar convencido de haber hecho lo correcto. Y luego la línea se tuerce.

La literatura de Roth expone de una manera magistral grandes dilemas de la cultura estadounidense, pero también del pensamiento de su propia cultura judía, donde el poder de la escritura es fundamental. ¿Existe el destino? ¿O somos nada más consecuencia de nuestros actos?   

Si no han entrado a leer la obra de Roth, será una dicha para aquellos que se apasionan por la literatura, porque descubrirán en él un autor total. 






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