Los fantasmas de Belfast, de Stuart Neville (2009)

 

Las novelas de Stuart Neville, por lo menos traducidas en español, no son fáciles de conseguir, a menos que se busquen en su versión electrónica.

Comienzo por aquí, porque este es un autor a descubrir. Los fantasmas de Belfast es una verdadera joya, a la altura de las novelas de James Ellroy. Novela negra, por meterla en un género, es la historia de un ajuste de cuentas de un ex miembro del IRA (Ejército Republicano Irlandés).

Lejos de los años tumultuosos, Gerry Fegan es un alcohólico siempre al límite de la ilegalidad. El tiempo de la pos guerra no le vino bien. Durante el conflicto, era poco menos que un gatillero al servicio de una causa revolucionaria. Cuando la guerra se termina, le cuesta comprender que no haya sido más que un asesino a sueldo.

Los fantasmas de las personas a quienes mató se le aparecen y lo atormentan, como en aquella novela de Dickens, un fantasma de Navidad.

La única manera de liberarse de los fantasmas es vengándolos, suprimiendo a los autores intelectuales detrás de sus ejecuciones.

Los fantasmas lo guían para mostrarle de dónde venían realmente las órdenes. Fegan, al descubrirlo, también se entera de una parte hasta entonces velada de su pasado. Paulatinamente, va cayendo en consciencia de que siempre fue utilizado, manipulado, que poderes mayores hicieron de él un títere.

Más allá de la perfecta trama, Neville muestra que la responsabilidad política suele estar en pocas manos.

El verdadero poder lo ostentan un puñado, expertos en ajustar las velas a la dirección del viento.

Cada personaje es redondo, creíble; al leerlo, no puede evitarse la comparación con personajes más próximos, como un Joaquín Villalobos, aquel ex jefe de la guerrilla salvadoreña, que después fue asesor de Bush y de Álvaro Uribe.

El poder es inconcebible sin los hombres de mano, los que hacen el trabajo sucio, los que la derecha de los 70 y 80 llamaban los "tontos útiles".

La novela se plantea que estos personajes casi nunca eligieron su vida y que otros, nombres anónimos detrás de escritorios, los acarrearon, como ganado, para ejecutar órdenes.

Es la gran y casi siempre no contada historia de los activistas, de los soldaditos.

El poder, político, militar, económico o criminal, o las cuatro cosas a la vez, tiene estructuras y jerarquías parecidas; unos disponen y otros ejecutan.

Cuando la Historia avanza, y se deshacen los movimientos, quedan las estructuras y también sobrevive la mano de obra.

Decía Umberto Eco que lo verdaderamente revolucionario es cambiar las estructuras, algo que rara vez sucede.

IRA fue un proyecto político necesario, que evolucionó en función de la política inglesa, intransigente. A finales del decenio del 60 estaba en vías de desaparición cuando sucedió el Domingo Sangriento y a partir de ahí, se reactivó hasta los acuerdos de paz en 1998. Actualmente, Irlanda del Norte vive en una paz relativa, una paz de muros, que siguen dividiendo a la sociedad. Los irlandeses hablan de división organizada.

La historia de este país es apasionante y he tenido la oportunidad de investigar y escribir sobre Irlanda para mis propias ficciones, por eso, quizá, me desvío un poco del tema.

Si pueden, busquen los libros de Neville.  


Stuart Neville




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