Las novelas de Stuart Neville, por lo menos traducidas en español, no son fáciles de conseguir, a menos que se busquen en su versión electrónica.
Comienzo por aquí, porque este es un autor a descubrir. Los fantasmas de Belfast es una verdadera joya, a la altura de las novelas de James Ellroy. Novela negra, por meterla en un género, es la historia de un ajuste de cuentas de un ex miembro del IRA (Ejército Republicano Irlandés).
Lejos de los años
tumultuosos, Gerry Fegan es un alcohólico siempre al límite de la ilegalidad. El
tiempo de la pos guerra no le vino bien. Durante el conflicto, era poco menos
que un gatillero al servicio de una causa revolucionaria. Cuando la guerra se termina,
le cuesta comprender que no haya sido más que un asesino a sueldo.
Los fantasmas de
las personas a quienes mató se le aparecen y lo atormentan, como en aquella
novela de Dickens, un fantasma de Navidad.
La única manera de
liberarse de los fantasmas es vengándolos, suprimiendo a los autores
intelectuales detrás de sus ejecuciones.
Los fantasmas lo
guían para mostrarle de dónde venían realmente las órdenes. Fegan, al
descubrirlo, también se entera de una parte hasta entonces velada de su pasado.
Paulatinamente, va cayendo en consciencia de que siempre fue utilizado, manipulado,
que poderes mayores hicieron de él un títere.
Más allá de la
perfecta trama, Neville muestra que la responsabilidad política suele estar en
pocas manos.
El verdadero poder
lo ostentan un puñado, expertos en ajustar las velas a la dirección del
viento.
Cada personaje es
redondo, creíble; al leerlo, no puede evitarse la comparación con personajes
más próximos, como un Joaquín Villalobos, aquel ex jefe de la guerrilla
salvadoreña, que después fue asesor de Bush y de Álvaro Uribe.
El poder es
inconcebible sin los hombres de mano, los que hacen el
trabajo sucio, los que la derecha de los 70 y 80 llamaban los "tontos útiles".
La novela se
plantea que estos personajes casi nunca eligieron su vida y que otros, nombres
anónimos detrás de escritorios, los acarrearon, como ganado, para ejecutar
órdenes.
Es la gran y casi
siempre no contada historia de los activistas, de los soldaditos.
El poder,
político, militar, económico o criminal, o las cuatro cosas a la vez, tiene
estructuras y jerarquías parecidas; unos disponen y otros ejecutan.
Cuando la Historia
avanza, y se deshacen los movimientos, quedan las estructuras y también
sobrevive la mano de obra.
Decía Umberto Eco que lo
verdaderamente revolucionario es cambiar las estructuras, algo que rara vez sucede.
IRA fue un
proyecto político necesario, que evolucionó en función de la política inglesa,
intransigente. A finales del decenio del 60 estaba en vías de desaparición
cuando sucedió el Domingo Sangriento y
a partir de ahí, se reactivó hasta los acuerdos de paz en 1998. Actualmente,
Irlanda del Norte vive en una paz relativa, una paz de muros, que siguen
dividiendo a la sociedad. Los irlandeses hablan de división organizada.
La historia de
este país es apasionante y he tenido la oportunidad de investigar y escribir
sobre Irlanda para mis propias ficciones, por eso, quizá, me desvío un poco del
tema.
Si pueden, busquen
los libros de Neville.
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