Dice Mariana Enríquez, que Silvina Ocampo, su esposo, Adolfo Bioy Casares y el mismo Borges, nunca se dieron a la tarea de entender verdaderamente por qué el peronismo había calado tanto en las clases populares, que eran incapaces de comprender cómo una figura como Eva Perón, hubiera podido coger una tal magnitud.
Según Enriquez, a Silvina Ocampo, y Biorges, (estos monstruos literarios) les faltó espíritu investigativo. Les faltó la humildad necesaria para sustraerse de su propia construcción intelectual e indagar en los motivos de las masas. Durante el peronismo, que era un movimiento masivo, se quedaron con el prejuicio de que la masas no piensan y que solamente son acarreadas, algo que no es totalmente falso. Y esa idea dominante, subyugó una idea posible, de que el peronismo, con todo lo que fue, también había conseguido entender el descontento de la gente.
Es un fenómeno que se repite en grandes intelectuales, que son incapaces de entender y menosprecian el poder convocador de políticos que pueden ser idiotas, pero que encabezan movimientos populistas que se conectan con las masas.
La conexión con la gente nunca es gratuita y aunque, por principio intelectual y ético, se encuentren los mejores argumentos para disentir y rechazarlos (sin importar la ideología), siempre hace falta un espíritu investigativo más profundo para comprender el arrastre de los movimientos populistas y populares (no son la mismas cosa).
Pienso en la resistencia inmediata de intelectuales de peso frente al obradorismo, el chavismo, el kircherismo, el orteguismo, el bukelismo, el trumpismo o hasta el melismo.
No quiero malentendidos, no se trata de adherir ni defender estos movimientos, sino de afirmar que es necesario tener la humildad necesaria para investigarlos, para no rechazarlos por principio. Es algo que se olvida.
En el camino hacía el entendimiento hay notas de los proyectos considerados antidemocráticos que no siempre alcanzan proyectos que se centran en la construcción de la ciudadanía.
Me alejo del tema porque sino terminaré hablando de otras cosas. Además, Mariana Enriquez no habla de esto en su libro y lo que estoy procurando, es hacer una reseña de él.
La hermana menor es una investigación sobre Silvina Ocampo, una brillante y peculiar escritora argentina, una entidad intelectual independiente de su amigo Borges, de su esposo Bioy Casares y de su hermana Victoria Ocampo. También es el libro sobre una patricia argentina, figura indispensable del espectro cultural de ese país en sus buenos años. Las Ocampo eran mecenas y matriarcas, en gran parte, responsables de que la literatura de ese país sudamericano no tuviera nada que envidiar a los círculos europeos y norteamericanos.
Silvina, aunque de una manera menos protagonista que su hermana, colaboró en la construcción de una “alta cultura” argentina, que se movía sin miedo en círculos restringidos como el neoyorquino o el parisino. Confieso que tengo pendiente leerla bien, pero los relatos que ya leí anuncian un mundo propio y original.
De manera directa, las Ocampo, sobre todo Victoria, a cargo de la famosa revista Sur, fortalecieron las bases de un mercado, aunque no se veía exactamente de esa forma en aquellos años. Durante muchas décadas Argentina sería, junto con México, Cuba, hasta cierto punto Venezuela y España (especialmente Barcelona), los faros culturales iberoamericanos. Sigue teniendo una importancia mayor, sin embargo, el mundo del libro cambió y ahora la cultura del libro está más a cargo de industrias trasnacionales con implantaciones en los grandes mercados (México, Argentina, Colombia, España).
El libro de Enriquez se acerca a una Silvina más íntima, una mujer versionada de maneras diferentes según el punto de vista del interlocutor consultado.
Es un libro que invita a conocerla mejor, a leerla, a verla como una autora, que a pesar de formar parte de los “privilegiados”, se separa de ellos, porque escribe lo que quiere, sin miedo al juicio, sin demasiado cálculo por su papel en la historia. No creo que ese fuera el caso de Borges, quien, personalmente, siempre me pareció un calculador.
Borges y Bioy son tratados con justicia, sin demeritar lo grandes que fueron como creadores, pero sin obviar su lado personal, por momentos fatuo y superficial. Profundos y a la vez insustanciales.
Este es un libro que rescata prodigiosamente la importancia de una escritora de carácter que optó por mantenerse en un segundo plano, quizá por no querer entregar el alma al éxito total. Tal vez no lo hacía de manera consciente, en todo caso, fue una mujer que naciendo en una oligarquía muy elevada, consiguió, en un acto de rebeldía natural, limitar su poder. O quizá, como sucede con quienes todo lo han tenido, en realidad los logros materiales y el "éxito" no le importaran demasiado.
Era una auténtica artista, de eso no cabe duda y como tal, un personaje complejo y multiforme.

Como LIBRE, popular y populista. De cuidado.
ResponderEliminarDe Mariana Enríquez estoy leyendo “un lugar soleado para gente sombría”. Cuentos urbanos con raíces muy rurales.
ResponderEliminarSoy Margarita Bueso - Anónimo
ResponderEliminarHola Margarita, gracias por su lectura. Totalmente de acuerdo con LIBRE, popular y populista, aunque pienso que con el desgaste, una cosa más que la otra. Es buena Mariana Enriquez, tiene unos cuentos extraordinarios. Me gusta ese lado indígena que ha sabido explotar y tiene muchas dobles lecturas. La novela me convenció menos; ¿la leyó? Un gran abrazo y hasta pronto.
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