Ahí, al lado de Francis Ford Coppola y Martin Scorsesse, tendríamos que poner siempre a Brian de Palma, más discreto, menos promocionado, probablemente, menos dispuesto a hacer concesiones.
Aunque se mantiene vigente, y es respetado como uno de los mejores directores de los últimos 50 años, tampoco es tan celebrado por la élite de Hollywood como lo es Scorsesse o el mismo Coppola. En esos ambientes nunca se llega a saber a ciencia cierta a qué obedecen las entronizaciones, sin embargo, algo en De Palma indica que prefiere mantenerse un tanto fuera de foco y preservar un aura de director artista y no de director empresario.
No por casualidad, la crítica, a lo largo de su carrera ha sido más dura con el director. Basta recordar que Caracortada, por ejemplo, fue masacrada en su momento, al punto que afectó durante varios años la carrera de Al Pacino y del mismo De Palma.
Carlitos Way, si bien es reconocida como un clásico del cine de mafia, no goza de la reputación de otras películas, como, por ejemplo, la maravillosa Goodfellas. Seguramente, porque, consiguió una profundidad en los protagonistas que va más allá de lo que se espera de este tipo de género.
En este sentido, La Dalia negra, la adaptación de la gran novela de James Ellroy, entra dentro de esa lista de películas injustamente devaluadas.
Injustamente, porque es una obra maestra, que, como le ocurrió en varias ocasiones a De Palma, recaudó menos dinero del que fue invertido para realizarla.
La película, al igual que el libro, entra en las entrañas del mundo oscuro y peligroso de los poderes de Hollywood y exhibe su estructura de silencios y corrupciones.
Desde el punto de vista estético, le sobran argumentos para ser considerada una obra de época. La puesta en escena de los ambientes de los años 40, está al alcance de muy pocos directores.
Cada toma, cada escena está impregnada de buen cine, de códigos y de enigmas que merecen ser descubiertos en varias sesiones.
Tengo la teoría personal, que a la industria, no le gustó la película, porque sintieron que estaba haciendo una denuncia por “procuración” de lo que ocurría en el Hollywood contemporáneo.
Un amplio sector de la crítica influyente la presentó como un fracaso, como altamente pretenciosa y se ensañó con ella para inducirla al fracaso.
En esos años, el poder de los depredadores sexuales de Hollywood estaba protegido por guardias pretorianas y una cinta donde justamente se revivía uno de los casos más emblemáticos de la historia negra de la industria, el asesinato de Elizabeth Short (en 1947), la Dalia negra, una aspirante a actriz que fue violada y mutilada, no podia sentar bien.
En 2006, Harvey Weinstein y muchos otros que desconocemos, estaban en la cúspide de su poder. Una película con una temática tan alusiva a los abusos sexuales y a las redes del poder no podía resultarles indiferente.
Vale la pena verla con los ojos de la actualidad, y más allá del mensaje, disfrutar de esta obra, que al día de hoy, al parecer, sigue siendo incómoda.
Un punto más para valorar el trabajo de Brian de Palma.

Comentarios
Publicar un comentario