Hace 40 años, la
editorial española Seix Barral publicaba Historia de Mayta, de
Mario Vargas Llosa. La novela inicia con una descripción mañanera de Lima, una
descripción vívida y dinámica. Es el Vargas Llosa en plena forma, dueño de
todas sus capacidades literarias.
La Historia
de Mayta retrata la biografía ficcionada de Alejandro Mayta, un
revolucionario peruano que encabeza una sublevación en la ciudad de Jauja.
Se trata de un
acontecimiento real del que Vargas Llosa tuvo conocimiento mientras estaba en
Europa. A través de un cable de prensa, le llegó la primera información de que,
en Jauja (primera capital de Perú), había habido levantamiento revolucionario
descabezado sin dificultad por el ejército.
Se trataba de un
levantamiento sorprendente y descoyuntado, muy anterior a las organizaciones
guerrilleras en Perú y la Revolución Cubana. Su actor principal, un hombre
llamado Alejandro Mayta (el seudónimo que le dio Vargas Llosa) reivindicaba la
acción como una intentona revolucionara trotskista.
Años más tarde, el
novelista se dio a la tarea de investigar este hecho muy relegado en la
historia.
La novela es, a la
vez, la investigación del levantamiento y su descripción.
Vargas Llosa se da
la tarea de entrevistar a todos los actores que conocieron a Alejandro Mayta.
Cada uno tiene una versión diferente de quién era y cuáles eran sus
motivaciones.
Testimonio tras
testimonio, la historia va apareciendo y con ella uno de los relatos mejor
logrados sobre la izquierda latinoamericana. Un relato idealista y patético por
partes iguales, quijotesco. Quien piense que Vargas Llosa se ensaña o se sube
las medias derechistas se equivoca y lo conoce mal. Vargas Llosa es más complejo
de lo que él mismo, supongo, ha llegado a saber.
El retrato no
solamente es brillante, sino que también está escrito con la minuciosidad de un
arqueólogo que descifra los códigos crípticos de una ideología.
El grado de
precisión con el que plasmó los movimientos de izquierda peruanos anteriores a
Sendero Luminoso y el Tupac Amaru, sigue escociendo a sus detractores.
Con Vargas Llosa
sucede que, duelen más sus verdades que sus mentiras y sus verdades, como él
mismo suele decir, se encuentran más en sus “mentiras”, en su ficción.
Quien ha saboreado
el lenguaje truculento (adjetivo que tanto le gusta utilizar) de sus
personajes, las atmosferas peruanas, el sentido del humor y hasta la ridiculez
de su propia comedia humana, va a encontrar en esta novela uno de sus puntos
más álgidos.
Historia de
Mayta, está ahí, al lado
de Conversación en la Catedral, La guerra del fin del
mundo, y otras tantas novelas más, como tesoro literario de América
Latina.

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