El buen patrón, de Fernando León de Aranoa (2021)

 

El capitalismo a la española tiene un encanto podrido, a su manera, muy distinto al anglo, al japonés o incluso al latinoamericano.

Quien haya estado en el Corte Inglés en época de rebajas sabe de lo que hablo. Es un capitalismo con sabor a croissant cubierto de chocolate; a cerveza barata y fiambres. Al morderlo, chorrea vieja corrupción, historias de familias y atrás, un regusto a dictadura.

El buen patrón, del excelente León de Aranoa, arrasó con los premios Goya en 2022, y con razón.

La historia cuenta la vida de una empresa de balanzas, manejada por Blanco, el patrón de la empresa, interpretado por un tremendo Javier Bardem.

Blanco pregona los valores familiares de la empresa, manejando a su personal con un paternalismo desenvuelto, que toma lo que quiere y le conviene de los criterios del management actual.

Entiende que la empresa, es, ante todo, una cuestión de gestión, de recompensas, resultados y que el jefe, el patrón, es un ser todopoderoso, generoso y severo cuando conviene, un paterfamilias, un patriarca.

La empresa concursa para obtener un premio que les abrirá las puertas a las jugosas ayudas financieras de la Unión Europea.

La vía hacia el triunfo parece libre hasta que aparece la pústula. Un empleado, recientemente despedido, desesperado, decide montar una huelga solitaria contra la empresa.

Manejable al inicio, el huelguista se va radicalizando, y jugando con los límites de una ley que lo protege (el Estado de Derecho) y que el mismo Blanco no puede transgredir.  

La obtención del premio entra en riesgo.

Al mismo tiempo, se presentan otras historias, que van haciendo crecer la tensión, entre ellas, un amorío entre Blanco y una joven becaria...

Entre el drama y la comedia, la cinta es una perfecta tragicomedia, como se hacen poco hoy en día.

Bardem, uno de los actores más versátiles de su generación, capaz de hacer con su cara lo que se le da la gana (pocos le ganan en eso), va haciendo frente a los problemas con sus armas, rancias, pero eficaces.

La actuación, la modulación de la voz y hasta los gestos de Blanco hacen pensar en Florentino Pérez, el flamante presidente del Real Madrid, y una de las fortunas más grandes de Europa.

Excelente película, que no es woke, algo cada vez más raro. De paso, es genial el final y la alusión precisamente al capitalismo woke.

León de Aranoa pone las cosas como son: quien tiene y mueve más dinero, tiene la última palabra.





 

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