Darkroom (o Backroom), de Rosa von Praunheim (2019)

 

Rosa von Praunheim, director de 81 años, ha sido uno de los cineastas más importantes del llamado “nuevo cine alemán”.

Sus obras, desde los años 70, retratan el mundo homosexual de su país, acompañando desde entonces la evolución de sus derechos.

Mucho antes de que la industria del cine descubriera que es rentable visibilizar a la comunidad LGTBQI+, von Praunheim (Holger Bernhard Bruno Mischwitzky es su verdadero nombre) ya filmaba obras maestras que decían lo que poquísimos se atrevían a retratar. Ahora que resulta menos difícil romper la censura, von Praunheim propone una cinta nada condescendiente del mundo gay.

Sirviéndose de un suceso que estremeció Alemania hace algunos años, el director reconstituye la cadena de asesinatos cometidos por un joven homosexual, que les daba a sus víctimas una droga mortal.

Lars, que vive la mayor parte del tiempo una vida normal con su pareja, Roland, el líder de una banda musical, un poco queer, un poco vaudeville, parece ser una persona de 37 años absolutamente dentro de las normas. El noventa por ciento del tiempo, de hecho, lo es, salvo, cuando, algunas noches, sale a matar.

Entonces, se sirve de la confianza de sus víctimas para administrarles la droga (con frecuencia, diluida en bebidas) a sus víctimas, a las que deja muriéndose.

Lars está fascinado con la muerte, con la agonía.

Von Praunheim compuso una película original, que no busca justificar los crímenes, mas entrar en la mente compleja de este individuo.

El director recrea de manera un poco surrealista, extractos del proceso judicial contra el asesino.

El director se permite divagaciones y recursos hasta surrealistas que le dan una dimensión más compleja a este criminal.

No fue una tarea simple. Los motivos de Lars, en realidad, son bastante difusos, lo que lo vuelve aún más peligroso.

La pulsión asesina gobierna su razonamiento y también un deseo de llevar una doble vida. Durante el juicio, es incapaz de explicar con claridad por qué mataba.

Sin embargo, no parece ser, fuera de esos momentos, un psicópata. Roland, que llevaba varios años viviendo con él (con altibajos), no sospechaba absolutamente nada.

Las actuaciones de la película son soberbias, especialmente la de Bocivar Kocivski, un actor de carácter, que fácilmente hubiera podido hacer un Taxi driver o nada le habría costado meterse en la camisa del tan celebrado joker de Joachim Phoenix.  

Von Praunheim también parece abordar otro tema, y es el consumo de sustancias ilegales, vinculadas al sexo, en una comunidad donde estas prácticas, al menos en Alemania, parecen normalizadas.

La mente de un psicópata siempre está buscando la falla del sistema. Lars descubrió que podía matar con cierta impunidad en un mundo poco vigilado, donde las sobredosis no son raras. Sus crímenes bien pudieron haber sido más sin algunos excesos de su parte. Película inquietante, de difícil acceso, pero altamente recomendable si tienen la oportunidad de verla.

 



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