Civil War, de Alex Garland (2024)

 

Si las grandes épicas de guerra de Hollywood son una maquinaria de propaganda para rescribir la Historia, Civil War se adelanta en la propaganda de la anticipación.

La cinta de Garland, quien, además de cineasta, también es novelista, trata sobre una guerra civil en Estados Unidos, que ocurre en tiempo presente o en un futuro no muy lejano.

Entre road movie y video juego, el espectador acompaña a un grupo de periodistas que se encaminan a Washington, donde está el corazón del conflicto.

Como en todas las películas épicas, se va de umbral en umbral, atravesando las diferentes puertas del infierno.

Los dos ejércitos, indistintos, son los mismos estadounidenses, liberados por completo al fantasma de la guerra.

Todo mundo tiene permiso para matar. La cinta va un poco en la misma filosofía de La noche de la expiación (2013) de James De Monaco, donde un gobierno totalitario instaura un día al año donde todos los crímenes son permitidos.

Civil War aborda uno de los grandes imaginarios del cine de Hollywood, la auto-destrucción y el apocalipsis total como consecuencia de la caída de la democracia.

Los periodistas, si bien, van en búsqueda de respuestas, los mueve la adrenalina, el apetito por la acción.

La guerra parece ser el momento que todos han estado esperando para probarse como personas. En las películas de guerra tradicionales, la guerra tiene una explicación, y, bajo la óptica maniquea del cine estadounidense, hay unos buenos y otros malos, héroes y villanos.

Aquí no, todos están cubiertos bajo una misma frazada, con un sentimiento que destaca y subyuga a los demás, el deseo. Los personajes se mueven por un deseo que se procuran mediante la experiencia inmersiva.

Estados Unidos quiere entrar en guerra, como se entra en un juego de videos, donde van apareciendo los enemigos y los desafíos. La adrenalina ha sustituido a la ideología como pulsión bélica.

Las razones de la guerra son tan absurdas que ni siquiera vale la pena mencionarlas; de hecho, es como si se hubiera entrado en guerra precisamente porque faltaba una, faltaba acción.

La prensa, en su papel habitual, es quien va construyendo el relato.

Vale la pena verla, y dejarse llevar precisamente por la experiencia de inmersión.

Las actuaciones son creíbles, y aunque no faltan las escenas de cursilería, es una propuesta seria.





 

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