Buda Blues, de Mario Mendoza (2009)

 

En Colombia, Mario Mendoza, es un escritor que divide las aguas; celebrado y vituperado por partes iguales.

La Academia suele no tomarlo en serio, (al menos es lo que dice Mendoza) por no someterse a ningún canon, añade. También, asegura el escritor, los cardenales de la cultura lo ven de menos por escribir novelas para público joven, por aventurarse a escribir thrillers y, en definitiva, por ser un rotundo éxito de ventas, que desafía el establecimiento cultural de un país que es de médula elitista, con una Intelligentsia, particularmente soberbia.

En cambio, tiene un público que lo adora, que lo considera como el gran escritor de Bogotá y como un faro de lucidez.

Tras más de una decena de obras, el mundo de Mendoza ya está constituido. Se trata de un autor prolífico, un intelectual libre, que no se muerde la lengua (sin jugárselas de provocador) para decir lo que piensa, y decirlo con argumentos, y, ese es unas de sus grandes virtudes, explicarlo con excelente pedagogía.

Mendoza es lucido y profundo, imaginativo, apasionado. Es una inteligencia confiable, que desenmaraña claramente la realidad intrincada de nuestras sociedades actuales.

Al escucharlo hablar, su pasión se vuelve contagiosa y dan deseos, como lo ha hecho él, de construir bibliotecas itinerantes, de ir a leer con los presos, de lanzarse a derribar barreras sociales a través de la cultura.

Sus entrevistas, que se pueden encontrar fácilmente en plataformas, son como asistir a cátedras universitarias, pero no con esos maestros acicalados y soberbios, sino los maestros que dejan huella.

Cada vez que he escuchado una entrevista con Mario Mendoza, me he lanzado inmediatamente a leer su libro de turno. Así descubrí Aquelarre, La melancolía de los feos, Satanás o Buda Blues.

Como se puede intuir en esta reseña, formo parte del grupo que estima al escritor como necesario, sin embargo, eso no quita que, como narrador, me resulte flojo.

Por supuesto, es una cuestión de opinión, pero sus libros me resultan esquemáticos, llenos de pasajes de relleno, con personajes que no transmiten emociones.  

Lo siento inconsistente, o bien, superficial o bien, profundo.

Hago una distinción con él: un excelente escritor, con ideas fuertes que invitan a la acción y al abandono de la indiferencia, y un narrador que no se sostiene.

Buda Blues es un viaje espiritual que se construye a partir de un intercambio epistolar entre dos amigos. Hay un asesinato de por medio y una secta poderosa y subterránea que tira de manera invisible, cuerdas que sostienen el equilibrio social. Se presenta un mundo abigarrado, espiritual, de personajes extremos, que van provocando los acontecimientos.

Hay una intencionalidad en hacer figuras dostoyevskianas. El intento se queda muy lejos. A mi gusto, transforma la novela en una ensalada (hay algo del cine de John Carpenter, de Herman Hesse, entre otros) donde los ingredientes no necesariamente combinan.

Lo positivo es que, hay pasajes en los que la lectura social de Mendoza es realmente fulgurante.

Reitero, es peculiar el caso de Mendoza, un excelente intelectual, un tipo brillante (porque no cabe duda que lo es), que se ha entregado en cuerpo y alma a la literatura, que ha construido un universo de personajes, que tiene el ángel literario, pero quizá no el don de la escritura.

Es posible ser un narrador inconsistente y un escritor brillante o, también, un narrador brillante y un escritor mediocre. El requisito es que exista un fondo, sino, simplemente se es malo en uno y otro aspecto, y ahí, ya nada es defendible.

Las opiniones literarias no dejan de ser subjetivas y él éxito y la conexión de Mendoza con sus lectores es una realidad. Buda Blues puede ser una puerta de entrada o de salida al universo de este autor. A probar.





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