En 1985, Andréi Tarkovski, sabía que le
quedaba poco tiempo de vida. Estaba enfermo de un cáncer de pulmón, enfermedad
que también se había llevado la vida de Anatoly Solonitsyn, uno de los actores
más próximos del cineasta soviético. Existe el rumor que ambos se expusieron a
radiaciones durante la filmación de Stalker,
en 1978.
Tarkoski sabía que se moría y que Sacrificio sería su última película.
Ingmar Bergman, el enorme cineasta sueco, lo había invitado a filmar su obra en
la isla báltica de Gotland. Para la producción de la cinta, había capital
francés, sueco e inglés y algunos de los mejores técnicos de Bergman estaban
comprometidos en diversas tareas de realización.
Además, en el papel protagonista,
Tarkovski contaba con Erland Josephson, el alter
ego de Bergman.
La película es mística, de una belleza
rara, decía Baudelaire que toda belleza era rara. Rara y mística. Todo
transcurre a lo largo de un día, un día en el que puede ocurrir el fin del
mundo (el inicio de la Tercera Guerra Mundial).
Tarkovski entendía la narración
cinematográfica algo así como un tren que se detiene en estaciones que marcan,
con momentos poéticos, el curso de la historia. Nada es lineal ni previsible,
la historia se cuenta para adentro, como un árbol que crece del tronco a la
raíz.
Sacrificio
me hizo pensar en
Shakespeare, donde cada personaje es la suma del mundo. El sentido de la isla,
también es en cierta manera un naufragio, como en La tempestad. Por momentos, la película se transforma
deliberadamente en una pieza de teatro, asediada por el ruido del mundo, el
ruido de la guerra.
Cada estación donde se detiene el tren, es
como un párrafo del testamento artístico del autor. Hay una escena
particularmente bella, probablemente sea una de las escenas más bellas de la
historia del cine. La joven Marta, hija del matrimonio dueño de la casa donde
se escenifica la mayor parte de la trama, al saber que viene el fin del mundo,
se desnuda e invita a Víctor, el amante de su madre y quien, en cierta forma,
mantiene el equilibrio de la casa ¿el equilibrio del mundo? (al ver esta
película hay que tener en cuenta que se deben hacer segundas, terceras o hasta
cuartas lecturas) a su cuarto para que le haga el amor. Es una joven, él es un
hombre maduro. La escena siguiente es un hombre huyendo.
De las costillas de Sacrificio han salido decenas de películas. Pienso en El lado oscuro del corazón, de Eliseo
Subiela, que pidió prestado el recurso de los amantes que se suspenden en el
aire mientras hacen el amor. Esa escena la vemos en la película de Tarkovski.
Otra película que inevitablemente pasó por Sacrificio
es Melancolía, de Lars Von Trier,
o Roma, de Alfonso Cuarón, con la
escena del incendio de la casa. Todas las citadas, son, en mi opinión, buenas
películas, sin embargo, Sacrificio,
es una obra de arte. La película se encuentra en Mubi y también gratuita en
Youtube.
No hay que verla esperando una historia
secuencial, hay que verla pensando en que es un árbol que crece del tronco a la
raíz.
La poesía, que, como un relámpago, ilumina
nuestra condición humana.

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