El elemento diferencial del genio es el
amor que le imprime a lo que hace. Jim Jarmush es un genio cinematográfico, y
esta película, minimalista y de gran sencillez, es una obra poética
extraordinaria. Adam Driver, cuya cara personifica el aburrimiento, es perfecto
para encarnar a Paterson, el poeta conductor de bus, que vive en la ciudad que
lleva su mismo nombre, Paterson, aglomeración de Nueva Jersey.
El personaje, y la ciudad, son uno mismo y
responden a la idea del poeta William Carlos William que todo hombre es una
ciudad.
La poesía de William Carlos William
(1883-1963) es la estructura ósea de la película.
El gran poeta norteaméricano, escribió
incansablemente sobre esta ciudad a la que dedicó un volúmen poético dividido
en cinco libros que llevan el nombre de la ciudad.
Tras ver la película dan ganas de lanzarse
desaforadamente a leer su poesía.
A lo largo de siete días, la historia se
va desmenuzando poco a poco. Paterson vive una vida tranquila y repetitiva.
Está en pareja con Laura, interpretado por
Golshifteh Farahani, un espíritu libre solar y delicado. Ambos personajes están
atravesados por la poesía.
La de ella es una poesía luminosa, la de
él es contemplativa, lenta, implosiva.
Con esta cinta, Jarmush muestra que a la
monotonía se le pueden abrir agujeros.
Una vida donde aparentemente nada ocurre, puede
ser inmensamente rica a condición de que sea vivida con amor.
De una manera asombrosa, el personaje
ramplón y aburrido de Paterson, va llenando la pantalla con su vida interior,
con su precisión para observar y describir el mundo que lo rodea. Jarmush
ofrece la meticulosidad y el trabajo para depurar la capacidad de observación,
como un arma para oponerse a la banalidad y el culto a la imagen, propias de
nuestra contemporaneidad.
La película se encuentra actualmente en la
plataforma de Mubi.
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