Es una novela corta, que se lee
fácilmente. A galope entre géneros, toma elementos de la novela policial y de
la novela negra sin ser ni una ni la otra, algo que habla bien del autor, que
evita encasillarse en un modelo. La historia transcurre en El Salvador de la
posguerra, un país donde ganó la derecha y la izquierda, congelada, (que es otra manera de perder) es incapaz de
reconocer las grietas ideológicas que se abrieron tras los procesos de paz y la
instauración de la democracia electoral.
Debajo de estas grietas, se asoma una
sociedad aplastada por estructuras represivas que no se movieron un milímetro a
pesar de los cientos de miles de muertos.
Huezo Mixco expone un El Salvador
profundamente conservador, donde la derecha y la izquierda tradicionales
coinciden en la negación de la libertad sexual.
Ahí es donde inserta la vara el autor y
esta se hunde sin tocar fondo.
Los personajes cuentan con una vida
interior consolidada, que se ha ido gestando en otras novelas (Días del Olimpo
forma parte de una trilogía) y por eso, a pesar de la cortedad del libro, están
bien retratados.
En mi opinión, el autor expuso el paisaje,
pero descuidó un poco el movimiento interior. La trama, por momentos, se
estanca y la historia se queda como al umbral de algo más.
Pese a ello, Mixco alcanza a darle al
libro ese atractivo tan propio de la novela latinoamericana, que inserta la
historia particular, la “mínima”, dentro de la vorágine, del maelstrom (esa
hermosa palabra holandesa). El maelstrom donde se juntan los ríos de las
grandes corrupciones, la violencia, los secretos y las traiciones.
Es muy interesante también el empleo del
ajedrez, que es una de las pasiones del personaje central, para pivotear
alrededor de su vida y la gran Historia.
Recomendable.
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